Lo que más me fascinó de esta suela fue su interior. Lejos de ser de vidrio o metacrilato hacía las veces de transparencia. Pienso si el el suelo que pisamos no se acaba transfiriendo a nuestros pies y por eso es que echamos tanto nuestra tierra natal. Ahora, por ejemplo, me veo yendo a la escuela de mi pueblo, llueve ligeramente sobre una niña modosita, las chimeneas huelen a leña de olivo y encina. Caminante no hay camino, se hace camino desgastando suelas y perdóneme, don Antonio.
School, de Supertramp (Amo a este grupo de mi adolescencia)
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
F.G.Lorca, Ciudad sin sueño de Poeta en Nueva York
Cocodrilo en vilo,
la ciudad está manga por hombro,
yacen en los balcones
los ojos de quienes no saben mirar.
De tu río, tu mandíbula y tu sol
quedan pocas copias. Pero no pararemos
de mirar al cielo por si llueve,
que llueva tanto que los edificios
utilicen infinitas bayetas para aliviar
el agua que a tu piel y a mí
nos corresponde.
Cocodrilo verde, Caetano Veloso, de su disco Fina Estampa
Mar, luz y verde propio. Todo apelotonado, sin ningún vislumbre del poderoso ladrido del ladrillo. Olivo, lentisco y palmas. A lo lejos pinos. Vida sugerente. Voz desatada. Voz quieta.
Y yo: al margen.
Madredeus
À Margem
À margem Estarei Estarei Bem por sobre as águas Muito bem
À margem, Também Serei Serei sobre as águas Sabe bem
Margens, bravas, vagas Margens, claras, vagas
Ausente, não sou diferente; - eu ando nas margens da corrente E o tempo que voa - à toa eu ando, Nas margens da corrente
Ya lo dice Arnaldo Antunes en su canción: las cosas no tienen paz. Y ahí lo tienen, la nieve recién caída. Y nos creemos que la nieve va a quedarse así de dichosa y de blanca; y así de inmaculada. De eso nada (monada, dirá alguién). La nieve es lo que menos paz tiene. Y eso se nota por las huellas de los animales que no miran por donde pisan. Pero lo que no saben ellos es la capacidad delatora de la nieve. Y la carencia de paz también se notaría si sobre ella dos amantes se revolcasen, fundición creo que se llama, ¿no? Pues al grano, que la nieve no tiene paz y que, al menos siempre tiene un doble calado. Os dejo ese jaicú, como dice un amigo mío, que él escribe de oído y que aunque los japoneses digan haikú, él a lo Juan Ramón Jiménez: reivindicación del sonido (¡y qué razón tenía!, ¿lo cojen?).
Ha amanecido... la nieve habla por ellos amantes, huellas...
Ha amanecido... la nieve habla por ellos amantes, huellas...
As Coisas Arnaldo Antunes Composição: Arnaldo Antunes e Gilberto Gil
As coisas têm peso, massa, volume, tamanho, tempo, forma, cor, posição, textura, du-ração, densidade, cheiro, valor, consistência, pro-fundi-dade, contorno, temperatura, função, aparência, preço, des-tino, idade, sentido. As coisas não têm paz.
4.- Y se les dijo que no hiciesen daño a la hierba de la tierra ni a ninguna cosa verde, ni a Ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen el sello de Dios en sus frentes. (Apocalipsis, capítulo 9)
Ya sé que escuchar la música aquí propuesta es opcional. No estamos en el domingo de Resurrección ni tenemos la compañía de la Santa Madre de Dios de la Esperanza (Córdoba). Estamos en verano y me gusta la marcha procesional. Y lo que sí que estamos es ante un verde vapuleado. ¿Qué verde no esta vapuleado hoy día? Hay quienes escuchan su sufrimiento y velan por él. Verde que te quiero verde, dice otra canción. Pero yo quiero el verde de la tierra, el que hace pronto el descanso y sosiego de mis ojos. Adivinen de qué verde se trata, es fácil, di demasiadas pistas. Un beso desde este verde refrescante.
Solución: algas, como muy bien algunos sabían por lo chivado.
Ya os hablé en una entrada de ese mismo racimo de uvas/pasas: Merma. Ese racimo aún me acompaña y creo que ya es imposible que las pasas vacíen más agua. El otro elemento del bodegón es una manzana que traje de Marruecos, en aquella visita en la que perdí la cámara. También me sigue acompañando.
Casi todo se arruga. Nosotros, que somos agua, también. Vertemos las arrugas al espejo y éste nos suele contestar con una crema. Casi todo se consume. Nosotros, que somos fuego, también. Arrugas y tizones suelen ir paralelos en la vida. Pero toda marca guarda un secreto, un flujo de agua que fue cadencioso, hormonal y exclusivo.
Juan del Enzina
A tal pérdida tan triste buscadle consolación claro está qu'es traición. Todo nuestro bien perdemos perdiendo prinçipe tal pérdida tan desigual no hay con que la consolemos.
Con centellas, y no escamas, El agua le desconoce. (Quevedo, Hero y Leandro)
Siempre creí que las aves disponían de hermosas plumas para volar. Pero fue ver parada a esta torcaz frente a mi ventana y empezar a dudar de si era paloma o pez volador con forma de paloma. Eran escamas lo que yo vi. Comprobad si lo mío fue un sueño bajo el agua o la exclusiva metamorfosis de un pez en paloma. Sea lo que fuere lo que yo vi, tengo claro que Leandro no se hubiese ahogado en el mar de haber sido paloma y que Hero hubiese seguido disfrutando de Leandro por unos añitos. ¿De qué le sirvieron las centellas amorosas en el nado a Leandro si el viento apagó la guía que Hero le colocaba?Más le hubieran valido unas escamas. Lean aquí el breve resumen del mito de Hero y Leandro y después cólmense con el hermoso poema a ellos dedicado por Quevedo.
HERO Y LEANDRO (Francisco de Quevedo y Villegas)
Esforzóse pobre luz A contrahacer el Norte, A ser piloto el deseo, A ser farol una torre.
Atrevióse a ser Aurora Una boca a media noche, A ser bajel un amante, Y dos ojos a ser Soles.
Embarcó todas sus llamas El Amor en este joven, Y caravana de fuego, Navegó Reinos Salobres.
Nuevo prodigio del Mar Le admiraron los Tritones; Con centellas, y no escamas, El agua le desconoce.
Ya el Mar le encubre enojado, Ya piadoso le socorre, Cuna de Venus le mece, Reino sin piedad le esconde.
Pretensión de mariposa Le descaminan los Dioses: Intentos de Salamandra Permiten que se malogren.
Si llora, crece su muerte, Que aun no le dejan que llore; Si ella suspira, le aumenta Vientos que le descomponen.
Armó el estrecho de Abido, Juntaron vientos feroces Contra una vida sin alma Un ejército de montes:
Indigna hazaña del Golfo, Siendo amenaza del Orbe, Juntarse con un Cuidado Para contrastar un hombre.
Entre la luz y la muerte La vista dudosa pone; Grandes Volcanes suspira Y mucho piélago sorbe.
Pasó el mar en un gemido Aquel espíritu noble: Ofensa le hizo Neptuno, Estrella le hizo Jove,
De los bramidos del Ponto Hero formaba razones, Descifrando de la orilla La confusión en sus voces.
Murió sin saber su muerte, Y expiraron tan conformes, Que el verle muerto añadió La ceremonia del golpe.
De piedad murió la luz, Leandro murió de amores, Hero murió de Leandro, Y Amor de envidia murióse.
Rematen si quieren con este poema de Vinicius de Morais cantado por Adriana Calcanhoto:
Eu sei que vou te amar Por toda a minha vida eu vou te amar Em cada despedida eu vou te amar Desesperadamente, eu sei que vou te amar E cada verso meu será Prá te dizer que eu sei que vou te amar Por toda minha vida Eu sei que vou chorar A cada ausência tua eu vou chorar Mas cada volta tua há de apagar O que esta ausência tua me causou Eu sei que vou sofrer a eterna desventura de viver A espera de viver ao lado teu Por toda a minha vida
De una caracola fluye la semilla en la semilla une todos los perfumes los de la muerte y la vida
Cuando inventó la dulzura nació el fruto y el aroma su lecho es toda la tierra rie cuando todos dudan
Esa dulce caracola pan semilla pecho ardiente puede ser la Rigoberta en Guatemala y su gente puede buscar a sus nietos plaza de mayo impaciente o tantas que sin justicia en Juárez siguen silentes siguen silentes...
Inventoras de vertientes harina que multiplica el pan que muchos no tienen y que sus manos abrigan
Hay caracolas del mundo Gladis, Frida, Joan, Violeta son perfume de muchachas miradas siempre despierta
Esa dulce caracola pan semilla pecho ardiente puede ser la Rigoberta en Guatemala y su gente puede buscar a sus nietos plaza de mayo impaciente o tantas que sin justicia en Juárez siguen silentes siguen silentes....
Seguidoras y seguidores: si algo tengo en activo son las antenas corporales. Reciben una señal clara: la primavera. Tenía guardado ese corazón de hielo y ahora lo saco para que se invierta en agua y flores. También reciben mis antenas la creación de un modo especial. Prometí a Mateo Santamarta que le dedicaría una entrada. Lo conozco a través de nuestra amiga común Inés, pero no lo conozco personalmente. No importa. Me gusta su obra, me gustaron mucho sus relieves de azar para espacios de silencio. Lo pueden seguir en este enlace: Arte y poesía.
Pero no os fiéis de la bonanza del tiempo. El corazón tiene muchos meandros y recorre muchos paisajes de modo inesperado.
Disfruten de este fado inmenso de Lucilia do Carmo.
Música y Poema : Fontes Rocha Interpretación: Lucilia do Carmo
EU PRECISO DE TE VER
Eu preciso de te ver Ausente amor sem razão Para te mostrar as sombras Do quarto da solidao
Eu preciso de te ver Para fugir este frio Que võa dentro de mim Como gaivotas no rio
Eu preciso de te ver Para afastar esta saudade Que já começa a vestir O tempo da minha idade
Como ganhei a coragem Da areia a beber a espuma Eu preciso de te ver Mais uma vez só mais uma
Coloco esa tela floreada en mi ventana. Quizá el frío se invierta al llegar a ella. Estoy convencida de que, como dice mi adorado Camané, habrá un lugar donde toda la cosecha dé razones más que maduras, fermente, en fin, descansada. Hoy tengo doble alma, de fado y de flor.
Quem à janela Camané
Ninguém sabe por que fados Os ventos sopram sozinhos Às janelas da saudade arrastando tempestades Que nos fustigam as carnes Desfazendo com uivados O que foi a nossa imagem Resto de nós, quase aragem À janela À janela À janela
E haverá um lugar Onde toda esta colheita De razões mais que maduras Fermente enfim descansada Desfazendo até ao osso Este esboço de pureza Desfeito em água mirada Que está aonde e é o quê À janela À janela À janela
Bato ao postigo, à vidraça Responde o ego, batendo Não sei se lá está alguém Ou não quer, não pode ouvir-me Quisera eu estar lá dentro E fora também, batendo Quisera eu ser alívio P'ra nosso alívio encontrar À janela À janela À janela
Una vulgar huella de coche que propicia un hueco de barro y agua hacen posible esas formaciones tan rectilíneas propuestas como reto en la anterior entrada en la que Inés dio en el clavo de la huella. Lo que no se imaginó, supongo, es que la huella fuese de coche.
Al final sucede el deshielo. Si no se avasalla la huella inicial probablemente las extrañas y rectilíneas formaciones se vuelvan a suceder. Así de fácil sucede con el agua, el hielo y la tierra. Es como si la tierra le cantara al hielo esa canción que medio habla el genial Bola de Nieve, que de helado no tenía nada. Al final hielo, agua y tierra es un uno perfecto.
El regalo propuesto será un cuadro de una amiga. Pondré una foto de dicho cuadro. Inés es la afortunada.
Bola de Nieve
Tú no sospechas (Letra de Marta Valdés, 1958)
Tú no sospechas cuando me estás mirando las emociones que se van desatando.
Te juro que a veces me asusto de ver que te has ido adueñando de mí y que ya yo no puedo frenar el deseo de estar junto a ti.
Tú no sospechas estas furias inmensas que me dominan cada vez que te acercas, y aunque no ha habido intención en ti de provocar lo que siento, te vas a enterar de una vez de que ya te quiero.
Decir 'tu cintura, enemiga de la nieve' es hablar por lo alto, por los cuatro costados en un poema, considerado por mí, como uno de los mejores poemas de amor que se hayan escrito. Por éso, y por nada más, contentaros con adivinar la lógica de las imágenes que ahí ven. Habrá premio, de veras, para quien lo adivine. Hay una pista, no vale decir hielo, porque, efectivamente, hielo hay, pero quiero que indaguéis. Quien posea una cintura como la del poema lo habrá resuelto, seguro. Abrigaros.
Gacela del amor imprevisto (F.G.Lorca)
Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada era un pálido ramo de simientes. Yo busqué, para darte, por mi pecho las letras de marfil que dicen siempre.
Siempre, siempre: jardín de mi agonía, tu cuerpo fugitivo para siempre, la sangre de tus venas en mi boca, tu boca ya sin luz para mi muerte.
Os puedo asegurar que cuando os propuse la escucha de Camané en la anterior entrada el servidor me aleteó una cuña espantosa del Red Bull y que si te daba alas y qué sé yo. De ahí la advertencia. Pude y puedo comprobar que a quien dio por entero las alas fue a mí sola. Pero os aseguro que aún Naide me ha reprochado el vuelo. Es más, me acerco más a otros vuelos más que al propio reposo. A estas garcillas, sin ir más lejos, pegadas literalmente a la autovía de Valencia todos los días.
Y mira que tienen el río Manzanares a menos de trescientos metros. Pero ellas allí, tan quedas, tan poco asustadizas. Hasta que te acercas a ellas. Entonces una sábana blanca se desenfunda.
Y la duda ornitológica (si hay alguien que le priva más la duda ontológica que lo haga) a que llego es si las garcillas están ahí para que la curiosidad de quien las mire desde otro ángulo distinto al de la carretera se convierta en inevitable publicidad o porque ellas ya están en periodo de conversión consumista. Sigue la duda. No el vuelo.
¿De qué está exento el vuelo? Lo apalabramos en la tierra, lo parimos sin cavilar la altura. El vuelo, la gesta apetente, el surco a mencionar desde el cielo. De rozarte, de éso está exento.
Nada de nada, no. En una pequeñísima charca como ésta el color de las ovas aventaja al agua. La desnudez de toda la materia muerta nos indica una cosa muy cierta: que la esclerosis no entra en los planes del día a día de la naturaleza. Es más, podemos ver lo que no hay: nada de música, silencio (siempre roturado por verdecillos. Y también podemos ver lo que hay: un hermoso arco con el que creernos contrabandistas (o contrabajistas) de la mirada. Algo de algo, sí.
El xelu, si estamos en Asturias. El xel, si en Galicia. El hielo aquí, en Madrid. Por debajo de cero. Buena opción este hielo si nos quedamos sin gato para izar el coche si hubiera un pinchazo. Pero no trivialicemos al hielo, pues está lleno de misterio. Imaginemos una relación personal: ¿se enfría por debajo de 0ºC? ¿Cuánto hielo puede almacenar una persona? Ese coche de la uve doble, al menos sintió la caricia de una columna de hielo hasta ésta desaparecer. Fue como un cálido apoyo en una fría mañana.
Tantu no que pensar y sicasí nun hay ná que descubrir, trozos de xelu arrinqué dientru de mí, y ún a ún vilos derritise, canséme güey de recordar.
Siento llercia en to les mañanes dende'l dia en que al marchar garro'l so abrigu y nun m'esperto, tan sólo diome un besu despacín y fo perdese nel cantabricu per lloñe de cualquier llugar.
Lloñe de mi mesmu, lloñe de too, volviendo a tar enantes de morrer lloñe de too una vegada más.
Lloñe de mi mesmu, lloñe de too, volviendo a tar enantes de morrer lloñe de too una vegada más.
En ningún lugar
Tanto en lo que pensar y sin embargo ya no hay nada que descubrir trozos de hielo arranqué dentro e mí uno a uno los vi derretirse hoy me cansé de recordar suena el miedo todas las mañanas desde el día en que al marchar cogió el abrigo y no me despertó tan solo me dio un beso despacín y fue a perderse en el Cantábrico muy lejos en ningún lugar lejos de mí mismo lejos de aquí volviendo a estar antes de morir una vez más en ningún lugar.
Dulce corazón mío de súbito asaltado. Todo por adorar más de lo permisible. Todo porque un cigarro se asienta en una boca y en sus jugosas sedas se humedece. Porque una camiseta incitante señala, de su pecho, el escudo durísimo, y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale. Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas, dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan. Se separan.
Indicios vehementes, 1985
Antes de que me vuelva a poner el chal poético y de que acoja a mis fresnos dentro del amanecer, quiero plantear la pregunta de si hay cosas imposibles. Me diréis que a manos llenas. Ya sé, vivimos en el mejor de los mundos posibles pero, desde luego, es imposible vivir en un mundo mejor. Lo que sí no es imposible es la erección del hielo. Y es que una no es para nada fría ni está libre de pecado; y es más, detecta las zonas erógenas a la legua. ¿Quién me iba a decir a mí que una rejilla de un fuente fuera tan sensible? Pues sí, ya lo veis. Gota a gota se forma el verso, o el falo, o el hielo. ¿Imposible? Para nada y, además, perfectamente viable. Bueno, aquí todos somos mayorcitos y nadie creo que se escandalizará. Y, por último, convendréis conmigo que, lo que menos le conviene al hielo erecto es un cálido precipicio. Creía que éramos polvo, pero no. Desde mi absoluto ateísmo creo que somos agua. Y si no que se lo pregunten a Marte.
Albert Pla está dentro de mis predilectos a pesar de su rayadura. Aquí pasamos de la ópera a la canción sutil.
Albert Pla (Ventegenarios en Alburquerque)
Después de corrernos no me marcharé corriendo me quedaré otro ratito junto a ti perdiendo el tiempo después de corrernos no encenderé un cigarrito fumo poco últimamente y sólamente fumo tus besos
me quedaré otro ratito con el silencio de tus ojos junto a ti mirando el techo sólo se escucha a lo lejos ese camión de la basura haciendo su ronda nocturna yo no te dejaré nunca yo no te dejaré nunca
después de corrernos no me quedaré dormido pues no hay nada más bonito que soñar contigo despierto después de corrernos no iré a hacer un pis ni iré a lavarme no oiré teléfono ni timbre me quedaré contigo para siempre
me quedaré otro ratito con el silencio de tus ojos junto a ti mirando el techo sólo se escucha aquí cerquita ese rugido de mis tripas y en el tejado un gatito le va maullando a la luna yo no te dejaré nunca yo no te dejaré nunca yo no te dejaré nunca
Agua Viento Propulsión Pescado (en su raspa) Letra:
LA NIÑA DE FUEGO Zambra
La luna te besa tus lágrimas puras, como una promesa de buena ventura. La Niña de Fuego te llama la gente y te están dejando que mueras de sed. Ay, Niña de Fuego, ay, Niña de Fuego. Dentro de mi alma yo tengo una fuente pa que tu culpita se incline a beber. Ay, Niña de Fuego, ay, Niña de Fuego.
Mujer que llora y padece, te ofrezco la salvación. Te ofrezco la salvación. El cariño es ciego. Soy un hombre bueno que te compadece. Anda, y vente conmigo, ay, Niña de Fuego.
Ya esta muerta Sthephana. Ya hemos escuchado el aria de Siberia. Ya hemos comprobado que nuestro amor se queda en mantillas comparado con el de latitudes superiores. Pues hala, la muerta al hoyo y el vivo al bollo. ¡Aaaaalto!, que ésto es alta cocina y no sólo de bollos vive el hombre. Hoy os propongo una nutritiva receta: Raspa Caramelizada. Dejemos que la carne del pescado se la coman los más voraces. Quedémonos nosotros con el fósforo que aporta la raspa, chupémosla a través del hielo. Stephana soy yo ahora, nada de Siberia (S-Iberia, Manolo-tel), la Niña de Fuego. Escuchemos:
Preparemos el chorro. Ascendámoslo. Punto principal de la receta. El día debe ser gélido. Frío del carajo, si no no vale. Frío y viento. El chorro asciende, el fuego conjuga. La noche hará el resto. Es una receta de la abuela pero con modificaciones sustanciales. El largo tiempo es lo que se mantiene. Nada de prisa, toda la noche. El hielo hará el resto. Escojamos el pescado aparente, de buena raspa. Escuchemos mientras cocinamos:
Raspa caramelizada
Este es el resultado. La raspa caramelizada. Puede que al saborearla nos sepa a agua y que nos deje un poco fríos. Eso es la primera sensación. El sabor, si está bien conjugado, avanza. Poco a poco nos entrará el mar, no acordaremos de Moby Dick y, al final, preferiremos unos boquerones bien rebozados a la raspa caramelizada. Pero, no desconfiéis, el postre, aunque de apariencia terrosa, hará las delicias de nuestras mejores Contesas:
una suculenta Stracciatella.
A falta de Manolo Caracol, dejemos que Miguel Poveda interprete el final de esta comida. Quintero, León y Quiroga siempre serán grandes:
Una hebra de hilo en la manga de una chaqueta vieja. ¿Desde cuando está allí? Una chaqueta colgada en un armario roído por la carcoma. Es vieja y el polvo también sobre la hebra, sobre la madera del viejo armario, del que solo cuelga esa única percha, con esa única prenda, con esa única hebra. Unas manos omisas, unas manos sin cuerpo, sin rostro , quizás sin tiempo para más, colocaron sin mimo la chaqueta en la percha, la percha en el armario y después, disipándose entre el polvo y el tiempo olvidaron la hebra apenas sostenida. Incluso el mínimo aire de un suspiro la hubiera desprendido. o, un portazo fortuito, en esa estancia donde solo acude la pereza del polvo que cubre la madera carcomida del armario la percha, la chaqueta, la hebra de hilo en equilibrio.
¿Para cuanta fornitura daría todo ese hilo? ¿Se podría hacer una bufanda para estos días normalmente fríos que nos vendrán? ¿Regresaría Teseo después de matar al Minotauro? ¿Y de Ariadna? ¿Quién se atreve a decirme algo? ¿La cruz de Mari Luz tiene que ver algo con la tela de una araña? Ante el hambre, ¿seríamos capaces de ejecutar una creación tan sofisticada, tan estética? Cuando se desmorone esa tela, ¿adivinaremos alguna hebra en la pita?
A ver, Sofía, no líes más la manta. Reconoce que lo elaborado por la araña posee un equilibrio perfecto. Oye tú, 'equilibrio perfecto' es un pleonasmo. Vale, pues reconoce que es un poema visual lo fotografiado. Di lo que quieras, pero tiene equilibrio delicado.
Y tenía que bordar Mari Luz punto de cruz, en hilo azul -borda que te bordarás- sentadita ente la ventana, parecía porcelana de biscuit: trajecito de organdí, con lacitos carmesí, pobre rosita de pitiminí. Y sus padres la querían casar con un brillante ingeniero industrial: "si ahora no le quieres, ya le querras. con la costumbre, el amor llegará.". Y ella soñaba con Superman, y con Tarzán. con Peter Pan... Escondida en el desván, devoraba tebeos y cuentos, y era su mayor tormento no ser huerfanita de París, india del Mississipi, pobre rosita de pitiminí. Y no le dejaban nunca mirar alrededor, y no le dejaban nunca estudiar algo mejor -borda que te bordarás en tu ajuar-. Y creía en la pequeña Lulú -borda que te bordarás, Mari Luz y en Winnie Pooh -borda que te borda con hilo azul. Punto a punto a punto bordarás tu cruz.
Presento una foto fresca, casi instantánea. Parecía imposible. Llueve. Eterna constancia del cielo, la lluvia. La veo encararse hacia el suelo, no se lastima. Llueve y remedia. Lluvia y luz. Suelo más acentuado con la lluvia. Lluvia, su sonar a modo de rastro.
Mejor os dejo con este poema de Elena Martín Vivaldi
El Insomnio
A Antonio Carvajal
Llueves, la noche, llueves reclamando mi atención, la mirada, mi entrega a tu constante, entrañada, pasión. Llueves y llueves, lluvia de la noche, lluvia que te proclamas vencedora de la estrella más alta, que pregonas, abates el silencio, repitiendo tu nombre y tu destino de palabra insaciable. Llueves y llueves más, cuelgas tus hilos de un cielo recobrado en tu sombra y acento. Llueve tu acompasado ritmo sobre el tejado, el árbol, por las ramas, la tierra, en la carne, en la ausencia. Iluminas la noche y la oscureces. Hablas y dices tu húmeda pregunta al que insomne te espía. Pero yo no respondo. ¿Qué me tiene la frente dolorida, y sin espejos donde encontrar el corredor que lleve hasta el hondo lugar que se extiende en lo oscuro, revelador de un sueño? ¿Por qué tu voz no es hoy brillante azul, liviana, alegre, triste, desvelada, mía?
¿Por qué no es puente, aroma trayéndome el asombro de tus manos?
¿Por qué me dejas sola, con mis ojos ciegos a la verdad que tú le siembras a corazón sencillo, al hombre que te escucha sintiéndose más tierra, más árbol, más deseo, más rama, más raíz y más humano? Déjame de tu nombre la inquietud, guardada en el temblor de tu insistencia. Que mañana la encuentre, cuando el sueño haya borrado este desasimiento, y amanezca yo en ti, ya luz y llama.