


El reloj de arena (El hacedor) Jorge Luis Borges
(Extracto)
Por el ápice abierto el cono inverso
deja caer la cautelosa arena,
oro gradual que se desprende y llena
el cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana
arena que resbala y que declina
y, a punto de caer, se arremolina
con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma
e infinita es la historia de la arena;
así, bajo tus dichas o tu pena,
la invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída.
Yo me desangro, no el cristal. El rito
de decantar la arena es infinito
y con la arena se nos va la vida.
Alguien va a pensar en una duna, correcto. Pero alguien va a pensar en que se ha detenido el tiempo cerca del océano atlántico, en Corrubedo, cierto también. Pero la certeza que cobra más peso es la del viento y la del paso del tiempo como irrefutables. La vida se nos apetece sinuosa, alta y fértil y eso no es una deuda, es un hacer. Como la duna, que se apetece alta y sinuosa, y siempre espera.