Estas fotos están hechas en Ávila, hoy. La cámara nueva llegó.
Esta entrada podría tener muchos títulos. Navajazos, corteza, savia, flechazo. O sutura. Y es que ese tronco de álamo se ha llevado tantos navajazos que ya no le caben más. Hablar si pudiera un árbol. Razón de amor. Sí, ya, pero podrían habérselo tatuado donde yo les hubiese dicho. Generoso es el árbol y al final impone su sutura y una lo ve de lejos y hasta estima razonable las figuras que emite el tronco. Y diré cómo he decidido titularla: Ybris. Sí, a Ybris, aunque él no lo crea, le debemos mucho. Yo al menos y lo que le debo me lo reservo aunque ni el lo sepa. Pero lo que más interesa ahora no es reclamarlo sino releerlo. Y sin su permiso (no se lo he podido pedir) lo he hecho y os lo propongo:
En la corteza de tu árbol
No hay límite en tu piel aunque de ella te cubras. Desde ella te traspasas, a su través me absorbes. Pintarme en ella o dibujarme allí sería suspenderme entre tu dentro y fuera, ponerte vertical y columpiarme, colgado del espacio estrecho entre los dos, de tu latido al mío, desde donde me miras hasta donde te miro movido por las manos con que te tocaría y por el tenso impulso con que me aceptarías. Pero no sé pintar, por eso escribo los versos de un poema por valles y colinas, por grietas y llanuras palabras que te palpen, te investiguen, te tracen y sondeen al ritmo de sus sílabas y a la ardiente osadía con la que te tutean. Dejo a mis manos recorrerte lentas y a solo un dedo acariciarte esto:
A tus puertas te llaman mis nudillos sólo por distraerte: entré desde mis ojos hasta dentro desde el mismo momento en que nos desnudamos. Quede esto escrito aquí como si fuera huella, como si fuera muesca en tu corteza de flecha y corazón pero sin fecha.
Hay mucha sinceridad en esta entrada. Que Mayte Martín le acompañe para quien él lo desee. A mí, lo lleva haciendo desde tiempo.
Diagonal puedes ser tú, dentro de un punto me encuentro. Sueño y diagonal, ¿qué desvío podría soportarlo? Sueño podría ser yo en una tapia. Puedo ser dueña del vuelo, reactor principal del cielo; y tú, si no estás, ejemplo limpio de una diagonal triste, acaso nada atrevida.
Sonhos
Caetano Veloso Composição: Peninha
Tudo era apenas uma brincadeira E foi crescendo, crescendo, me absorvendo E de repente eu me vi assim completamente seu Vi a minha força amarrada no seu passo Vi que sem você não tem caminho, eu não me acho Vi um grande amor gritar dentro de mim como eu sonhei um dia Quando o meu mundo era mais mundo E todo mundo admitia Uma mudança muito estranha Mais pureza, mais carinho mais calma, mais alegria No meu jeito de me dar Quando a canção se fez mais clara e mais sentida Quando a poesia realmente fez folia em minha vida Você veio me falar dessa paixão inesperada Por outra pessoa Mas não tem revolta não Eu só quero que você se encontre Ter saudade até que é bom É melhor que caminhar vazio A esperança é um dom Que eu tenho em mim Eu tenho sim Não tem desespero não Você me ensinou milhões de coisas Tenho um sonho em minhas mãos Amanhã será um novo dia Certamente eu vou ser mais feliz
Le falta nitidez a la fotografía. Ya lo sé. Quizás me puse nerviosa ante ese pendiente original, ¿colgajo, se dice? ¿O sería la cámara en ese momento con un objetivo obsceno? ¡Menuda escena!, dije yo. Yoder, como pronunciaban cuando se descubrió America el verbo 'hoder'. Pues eso, joder. Que no es una provocación esta foto. Es una nueva dimensión de mi ver, es una nueva dimensión de mi ver, es una nueva dimensión de mi ver, es una nueva dimensión de mi ver, plaff, cierto, me había quedado rayada. Si hubiera sido elefanta y hubiera salido a mear, no sé si la hubiese acompañado el elefante pues el concepto de cornudo no lo deben de tener en su vivir. Quizás sí el de colmilludos.
Inés sabe apreciar muy bien los relieves. Opción pensada fue la de dejar las dos primeras fotos como incógnitas para que cada un@ hubiese decidido, con mayor o menor acierto, proponer de qué se trataba. Pero ya lo veis. Aquí no hay magia. Un charco eventual es lo que tiene, magia de los microorganismos que de él se alimentan y que dan lugar a esos grumos de barro húmedo. Parece que un@ pronuncia 'charco' y la obsesión por lo marginal y degradado aflora. Y no, disiento. Arte es lo que tiene un charco. La deconstrucción de un charco descubre el alfar diminuto. No conviene tirarse al charco como tampoco obviarlos. Que cada un@ valore esa conveniencia.
============================================= No es una broma, amig@s. Tengo muchos registros fotográficos para pensar sobre ellos pero hoy quiero describiros el que debí poner y el que no puedo por razones obvias: olvido de la cámara en un lugar del Atlas marroquí. Nada mas iniciar la ascensión al refugio que luego nos llevaría al Toubkal hay un último pueblo llamado Amred, cercano a Imlil. El inicio de la ascensión discurre por el ancho curso de un río estacional que en épocas de deshielo puede llegar a unos 250 metros de anchura. Cuando el río es ya tan sólo un hilo no amenazante muchas personas cargadas de un azadón y una pala escarban para conseguir algo tan necesario como el pan. Recogen las piedras que amontonan en un pequeño cilindro que posteriormente utilizarán en la construcción de las casas. También recogen arena oscura que luego cribarán mediante el método más sencillo: traspasándola por una red metálica. Os visualizo: jóvenes escarbando hoyos para conseguir arena y piedra para construir. A mi amigo Antonio le comenté el hecho: 'hay que joderse, aquí todo el santo día para conseguir un carretón de arena'. Él, sabiamente, me contestó: 'es la única forma de hacer sostenible el planeta'. En sentido estricto creo que lleva razón. Y para hacer sostenible el planeta no hubiéramos viajado los que allí íbamos para subir un cerrito a 4167 metros. Pero yo no voy a definir la sostenibilidad como pretendían los organizadores de la Noche en Blanco dispuestos frente al Instituto Cervantes. Desde donde mejor se define es desde los lugares donde viven de un modo sostenible, donde lo que han hecho lo vienen haciendo desde hace muchos, pero que muchos años. Y yo, desde luego, nada hubiera escrito ayer (no lo hice) en esos letrones que había en la calle Alcalá donde uno descarga su conciencia de sostenible mientras luego coge el coche, fuma pitillos, y se da una ducha de agua calentita. Lo único que quería aquí era mostrar mi foto de sostenibilidad que os la describo y os dejo en paz:
Un chaval al que observo cómo recoge la tierra ahuecada en un hoyo. La recoge con una pala y la lanza a un montón hacia afuera para luego cribarla. La foto, al acecho, como muchas, rescataba al chaval en el movimiento de retroceso de la pala quedando sostenida la arena en el aire antes de caer en el montón. La figura del chaval estaba unos 70 centímetros sumergida en su hoyo.
Ésa era la foto. Ahora es una foto en blanco, en mi memoria. Una foto amada. Podré comprar otra cámara, que lo haré, mientras, el chaval seguirá sacando piedras y tierra hasta que el deshielo del Atlas enrase de nuevo el cauce.
Ojo, que no me he cebado en la muerte del zorrillo. Es una imagen real de la que no me asusto y sí me conmuevo. ¿Quién no se ha encontrado un animal muerto mientras iba conduciendo por alguna carretera? Deciros que lo retiramos a unos rastrojos y que a la semana no quedaba ni rastro. Esta entrada quería reflejar una especie de ira calmada, una reflexión sobre la muerte. Tempero se me adelantó con su ira, digamos, literaria, y no digo que me rindiese pero que sí me convenció más que lo que yo iba a exponer. 'Trasciende la muerte, repensar la vida', así comienza su texto y sí, ya me gustaría no sólo el redoble del pensar sino que el mínimo pensar fuese, al menos, un tambor de neuronas. Os dejo su texto:
" Trasciende la muerte, repensar la vida. Parecen inmóviles estas palabras. Me lo parecen a mí. Parece que escribo un epitafio suscitado por un zorrillo. Epitafio. Qué palabra. Parece una palabra cuadriculada. A veces definimos a las palabras por lo que nos significan y por la imagen que nos transmiten. Pero ya hablaré de ello. Ya sé que eso de repensar a muchos se la... ¿Cómo se dice? Se la s... 'Sila'. No, Tempero, axila. Ah, sí, se la suda. Sí ya sé que las axilas de muchos albergan imposible pureza. Y pureza es dolor y sudor. Y ya puestos, lágrimas. Sudan las ruedas de los coches como también sudan los excrementos de las balas. Aquí tenemos un zorrillo aún cálido. Probablemente lo pillaron al atravesar la carretera por la noche. ¡Y algunos dudan aún del cruce de los animales por las carreteras! Venga autovías. Habrá, éso sí, gente con gallinas que se alegre de la muerte de un zorro. Gallina de los huevos de oro, o de ladrillo o de asfalto. Sí la muerte de este zorrillo trasciende y vuelvo a pensar la merma de nuestra fauna y sus consecuencias. En mi pueblo un zorro es considerado una alimaña. Igual consideración tienen las rapaces. Y de ahí tantos huevos envenenados en otras épocas, cuando no escopetas. Repensar, digo."
Acompaño a esta entrada el preludio nº8 den do menor de 'El clave bien temperado' de J.S.B. Hay dos versiones. Una habla de soledad y de lágrimas. La otra es más clásica, interpretada por el pianista húngaro András Schiff. Que cada un@ elija la que quiere, si es que desea escuchar y elegir.
Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas.
(Ángel González)
"...aunque he estado entrando en el tuyo (silenciosamente), de repente hoy apareció el agua en él. Te parecerá irrelevante, pero me di cuenta que siempre asocio tu blog acechante a la naturaleza del interior, a la tierra, a los paisajes secos, al clima continental, a la llanura o al bosque. De repente el agua..." Sí, Araceli, mi cuaderno quizá tenga más de áspero y de terruño que de agua salada. Soy de interior, de viñas y monte bajo. Pero no eludo el agua y mucho menos el vuelo. Toma esta entrada y cógela como antaño se llevaba el pan, bajo el brazo. Y de propina dos interpretaciones de Juan Sebastián Bach a cargo de un paisano tuyo, un excelente guitarrista: Jordi Bonell.
Mi gaviota
Vuelo sin pestañear, inquieto mar, gaviota. Filo extenso, mar denso, gaviota. Ficción aérea, mi vuelo, mi marea, gaviota. Solución a las dunas, tu humedad, gaviota. Desorientar mi gravedad, tú, mi gaviota.
No perturbo más que lo mínimo esta imagen de un, cada vez menos, buitre negro. Captado en un pino resinero. Captado antes, en reposo y después, en su despegue. Quizá sea de las fotos más bellas que he conseguido, estando donde bebía de estar, al acecho y tras un pino.
Escuchen bien esta travesía a la soleá, o si quieren soledad. Empieza con un levísimo zumbido de moscas, siempre previas, por supuesto, y posteriores a un cadáver. Su discurso, el de la soleá, es exclusivo. El de las moscas siempre vulgar.