viernes, 28 de agosto de 2009

Destreza





Se quedaron estos calabacines en la huerta cuando eran verdes.
Pasaron bastantes días y se arrugaron. Y el mayor capricho: cambió su color.

Y sí, color como destreza del tiempo.
Aconteció, pude pensar.
Sucede que el color no se inhibe,
o por viejo algo, o por maduro, piezas
que rescatan un naranja oculto.
Siendo como es el color, manantial
no adulterado, preciso, esquivo a lo uniforme,
incierto también. Tiempo que decolora
aquella puerta, fantasma que entraña el color.
No todo pues exuberancia, pero sí ciclo.
No dudar de las pinceladas sabias
que parte tienen de íntimo, que salen
sin evitar nada.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Sabor




Sí, aún quedan especies autóctonas de ciruelas. Si uno se informa sobre las diferentes variedades de peras que había en el pueblo de Madrid llamado La Hiruela alucina. Sí, dicho así, a-l-u-c-i-n-a. Sí, todo echado a perder. Nuestra comodidad por lo bello, por el producto enfundado, por lo no macado. Esta ciruela, ya caída en el suelo, no sólo la fotografié por su belleza y su color sino que me la comí. Bastó mirarla para saber que su interior era dulce y su gesto de entrega inmediato. Muchos de los árboles de esas especies autóctonas se están abandonando. El árbol de donde procede esta ciruela también. Muchas de ellas estaban ya maduras y reventadas en el suelo. El resto allí esperaba, en el árbol. Algún trepador me proporcionó no sólo el sabor de antes al traerme una pocas sino el sabor de ahora, el sabor del instante, el sabor lleno.



domingo, 23 de agosto de 2009

Naide





Una clara invitación al vuelo. Hay de todas las aerolíneas. Aquí no existe el low cost o bajo coste. Hay oportunidad de volar bajo la densa mansedumbre que alza el airbús cicónico sobre el cereal, o sobre la sombra elevada del mirar negro de los milanos, o, si se tiene miedo, acudir al lento gregarismo de las avefrías. Vuelo para elegir, primer, segundo plato y postre. Vuelo y alimento.
Alguien (vuelvo a la escasez de memoria o al revoltijo de la misma) que no recuerdo bien me dijo por sencillos estos versines. Por sencillos, no por imposibles:

Dame
por vuelo
el ímpetu sencillo
de poder verte.


Disfrutad con esta bulería delicada del genial Paco de Lucía. Nadie sin vuelo. Aquí os dejo con este combustible auditivo:



Volar (Bulería de Paco de Lucía)

Volar, volar, volar
yo sólo quiero volar
yo quiero vivir a mi aire
y que no me lo reproche naide.

martes, 18 de agosto de 2009

Alazán





El vuelo como metáfora. ¡Lo que daría de sí para nutrir pensamientos, poemas y literatura! Y si no que se lo digan a Antonie Saint Exupery. Pero a lo que hoy voy:
No es fácil, no sólo lo que canta Marisa Montes. No es fácil que dos tórtolas se te cuadren así, a derechas, a izquierdas, qué que monas vais a salir, que si este gesto, que si el otro. No fue fácil, fue casualidad, fue soportar su monótono arrullo en un parque mientras leía al genial Abilio Estévez en su 'Manual de tentaciones'. Y lo que no es fácil es cazarlas al vuelo, así, sin preparación, a voleo. No son fáciles muchas cosas. También no son tan difíciles muchas cosas. Con el vuelo se aprende ligereza, con el vuelo corres el riesgo de una caída inoportuna. Pero no me digáis que el reposo de esas tórtolas no admite dulzura. Vuelo es libre, vuelo es sueño.

Valga este verso que dejo que no sé si lo oí, me lo oí, me lo dije, o me lo pronunciaron. Pero lo dejo breve, tal y como es porque para mí vale ampliamente. .

¿Qué animal en su crin más iluminada no es libre?



Marisa Monte
Composição: Marisa Monte/Arnaldo Antunes/Carlinhos Brown

Não é fácil
Não pensar em você
Não é fácil
É estranho
Não te contar meus planos
Não te encontrar
Todo dia de manhã
Enquanto tomo meu café amargo
É, ainda boto fé
De um dia te ter ao meu lado
Na verdade eu preciso aprender
Não é fácil, não é fácil
Onde você anda
Onde está você
Toda vez que saio
Me preparo pra talvez te ver
Na verdade eu preciso esquecer
Não é fácil, não é fácil
Todo dia de manhã
Enquanto tomo meu café amargo
É, ainda boto fé
De um dia te ter ao meu lado
O que eu faço
O que posso fazer?
Não é fácil
Não é fácil
Se você quisesse ia ser tão legal
Acho que eu seria mais feliz
Do que qualquer mortal
Na verdade não consigo esquecer
Não é fácil
É estranho




Contigo Aprendí
Armando Manzanero

Contigo aprendí

Que existen nuevas y
mejores emociones
Contigo aprendí
A conocer un mundo
lleno de ilusiones
Aprendí que la semana tiene
más de siete días
Hacer mayores mis contadas alegrías
Y a ser dichoso yo contigo lo aprendí

Contigo aprendí

A ver la luz del otro
lado de la luna
Contigo aprendí
Que tú presencia no la
cambio por ninguna
Aprendí que puede un beso
ser más dulce y más profundo
Que puedo irme mañana mismo de este mundo
Las cosas buenas ya contigo las viví
Y contigo aprendí
Que yo nací el día en que te conocí.

jueves, 13 de agosto de 2009

Inquieta



Hallar una libélula a nivel de mar y en la playa me resultó raro.
Asombro. Siempre las vi junto a los ríos, o zonas de aguas pantanosas o estancadas.
Hice lo que pude, entre tanta gente. Su nerviosismo la hacía volar y posarse.
Gracias a ese objeto brillante la pude localizar. Os puedo asegurar que no fue fácil.
Repito, no fue fácil e hice lo que pude.
Pero entendí su mensaje:

Me es libélula.
Ella me es lazada, alas mantenidas
de aire que nunca frunce el ceño.
No necesita que yo la alabe, leve,
sin doblar sus alas, me acaricia.
Son escasos los segundos en que me viene.
Y aun así, me es libélula,
me es alcance, me refugia
los ojos un instante justo.
Hablaría de ella, y lo hago
cuando ya estoy lejos, y lo merece
por ser de ella inquieto el susurro.
Decir que me es libélula, es decir
de lo dentro que inquieta.



Os dejo ahora con un tema hermoso de un Audiolibro de Juan Carlos Mestre titulado 'Lección de Geografía' de su obra 'Antífona de otoño en el valle del Bierzo' junto con un poema suyo titulado 'Libélula'. Lirismo exuberante y gozo de ese tiempo medido con las costuras de la tierra bien llevada a fondo. Seguid disfrutando, amig@s.




Libélula

Juan Carlos Mestre

Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. Verdaderamente
las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
extraños seres petrificados en la ternura como benignos nódulos
en la perfección de los huesos. En aquel tiempo
yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.

Cansadas como paraguas cerrados recogía las maderas auditivas
de un mar inexistente y con ellas construía algo parecido a una casa.

En aquellos días algo parecido a una casa eran las conversaciones,
palabras relacionadas con la pestaña premonitoria, gatos en los cerezos.

Yo desconocía los vínculos y toda oscuridad era para mí un obsequio,
un rumor de la eternidad que se prestaba como cuerpo desnudo a mi mano.

No era la boca del amor la que respiraba ese óxido, sino la imaginación
del amor como un sastre con pantalones verdes el día de la felicidad.

Verdaderamente las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
la ilusión del hombre es una luz que llega desde lo desconocido
mas no es él el dueño de esa invención sino el ruido de un rumor prestado,
la cámara del que guarda su placer en ella.

Yo tenía la costura de una libélula en el corazón
pero las hojas cerebrales hacían crecer mis manos hacia dentro
en busca de una palanca con la que desalojar la piedra del miedo.

Sin esfuerzo comencé a llorar al revés, a confundir los sentidos
que guían la gota gramática hacia una lengua extranjera.

Antes que me tomaran por un extraño ya que yo no era el dueño de esa invención
me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos
y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío.

Era como si el tiempo hubiera dejado de durar,
era como si todas las obras imaginadas por un ciego se derritiesen al tacto,
como si la langosta hubiera descendido sobre los campos del espíritu.

Yo solo tenía una libélula en el corazón como otros son hermanos del vértigo
y llevan la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes.

Está bien, las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
es probable que la invisibilidad y estos hechos
solo guarden relación con una libélula.

jueves, 30 de julio de 2009

Bastones





Todas las ventanas son sugerentes. Indiscretas o no.
Al este está orientada ésta por donde miro desde un quinto.
Dado que tengo un amplio parque debajo, las posibilidades de reposo y regocijo son las prioritarias de mucha gente.
De mañana, la gente mayor se entrena en el descanso.
Hoy quiero traer a esa pareja y a sus bastones (paralelos). Imagino que sus carnes han fluido, también, de forma paralela.


Cositas Buenas

Vengamos al banco, te dije.
Decirte 'a mi vera', era otra
de mis sencillas propuestas,
formas de no tentar la soledad,
me dije. Cositas buenas,
reconozco tu voz parada,
nuestro decir por lo que no
decimos ya. Cositas buenas
vinieron; ilustres, se quedan.
Y sin querer, se irán.


viernes, 24 de julio de 2009

Ballesta



Conviene ampliar la foto para no perder el leve detalle de esa paloma que sobrevolaba las chimeneas. ¿Chimeneas? Aceptémoslas como sincera pareja a la que se le ha acumulado el óxido pero que en todo momento conservan sus inicios como acogida de calor e huida del humo. Ahí están, enlazados, en silencio, esperando de nuevo la llama. Arder como ballesta en las arterias.




domingo, 19 de julio de 2009

Intervención




Primero prefirió mirar para otro lado.
Después se afincó en mi cara.
Sus pétalos, sus extremidades, su generosa mirada.
Sus cielos revocantes de nuevo.
Todo un esplendor y toda su compañía.
Ya no era un flor de barro deshojada,
era la intervención de la luz.




viernes, 10 de julio de 2009

Deshoje




Nos quedamos de barro
en el deshoje cotidiano,
un partir escueto
al silencio, al susurro,
lamento y pétalo,
exclusa y favor,
todo abierto,
en alto cielo,
generosidad, sin duda,
la de una flor.





Tras de un amoroso lance

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

San Juan de la Cruz

jueves, 2 de julio de 2009

Macad@s





Dejadme que os dedique esta entrada a tod@s los que me seguís. Una foto a modo de metáfora. Sé que casi todos tenemos acumulados algunos golpes. Como decía mi madre de la fruta, está un poco 'macada'. Qué poco escucho ya esa palabreja. Además creo que a esta familia poco le importaría el pecado original y, cual Eva o cual Adán, se lanzaría a por una reineta y, de quedarse con ganas, a completarla con un buen trago de sidra. Así que, al loro, que lo que muestro no es un bodegón, somos nosotros, en amor y compañía, dispers@s y juntic@s (como dicen allá por la Manchuela y por los almudes). Besos a tod@s, habrá algunos días de vacaciones y luego seguiremos goteando en este mundo tan disperso de los blogs, los cuadernos llenos, eso sí, algunos, de verdaderos lujos.

P.D. No me resisto en regalar la palabra 'Macado' a mi amigo Manolotel. Buen coleccionista y usador de palabras.


Y como contestación a las dos entradas anteriores os dejo un relato lleno de intimismo, poesía y nostalgia, tristeza y contención. Su autor, Juan Farias. El título del libro al que pertenece: 'El paso de los días'. Editorial: Alfaguara. Son de esos libros que entran dentro de lo que llaman serie juvenil, infantil, de edades entre...Pero lo cierto es que sus libros, como todos los buenos, no tienen edad (aunque suene a tópico).

Cuaderno 3

La taberna, como todo aquí, es poco, un barril de vino verde, unas frascas de orujo, un tablón por mostrador, una mesa también de roble, moscas cuando era el tiempo de las moscas, olor a vino que ha caído al suelo, el suelo de tierra, un ventanuco al corral, y por el corral se salía al camino.

La tabernera, cuarentona, grande, olía a mujer, y más cuando andaba a pensar en ellos.
Se entretenía en cazar moscas para luego dejarlas vivir; lo hacía con la mano, rápida, delicadamente, las guardaba un momento, en el puño, y luego lo abría, las dejaba volar, irse a la luz, asustadas.
Entró el maestro.
Ya estaba allí el timbalero, a beber para no recordar; pero con beber recordaba.
-¿No vais al cementerio? -preguntó el maestro, y pidió una copa de orujo.
-No era nada mío -dijo la tabernera, y se encogió de hombros.
-Yo tampoco quiero pensar -dijo el maestro.
Se puso el sol al final de la mar, y por el este, por encima de las montañas, empezó a bajar la noche.
Cambió el viento, otra vez al noroeste, otra vez a oler a lluvia.
Los vecinos volvieron del entierro: dos entraron en la taberna a tomar una copa de orujo, un trago de orujo; los otros, siete, siguieron pueblo adentro, todos con lo puesto.
Al timbalero salió a buscarlo su mujer, lo tomó del brazo, tiró de él, y le dijo:
-Ven, cariño, ven, anda. Ven ya es tarde.
Y con el tono dijo más, mucho más.
Él dijo:
-Déjame, mujer.
Ella insistió:
-Ven.
Él pidió otra copa.
-Déjala para mañana -dijo la tabernera.
El timbalero se dejó llevar.
Esta vez, la mosca no tuvo suerte, la tabernera también la cazó al vuelo; pero cerró el puño, deshizo la mosca. Después, mientras se limpiaba la mano en la falda, murmuró:
-Qué asco de vida.
La mujer del timbalero, antes moza dada a la lectura y a confundir realidades, era, ahora, sólo una mujer a cargar penas.
Él había sido timbalero de una orquesta sinfónica, pero le dio algo malo y se le agarrotaron las manos, no pudo seguir batiendo los timbales y se le agrió el alma.
Antes, con él empezaba a hablar Zaratrusta; él era los cañonazos de la 1.812 y los disparos de los cazadores de Prokófiev; él había hecho retumbar la sala, se había impuesto el metal y la cuerda.
Ella, niña de ciudad, lo conoció vestido de chaqué, se enamoró de la soberbia con que batía los timbales de cobre y piel de cabra.
Hicieron pareja y viajaron con la orquesta, de una ciudad a otra, de un país a otro, conocieron sitios y gentes.
Ella lo amó.
A él le gustaba sentirse admirado.
Cuando llegó la enfermedad, él quiso esconderse, y lo hizo aquí, en la casa alquilada.
Ella seguía amándolo.
Es duro amar a alguien que está amargado, que vive con rencor, que echa de menos lo que fue, lo que no volverá a ser.
Una tarde, el estudiante, que bajaba, se encontró con el timbalero, que subía, también borracho. El estudiante agarró al timbalero por los mofletes, le dio un beso en la frente, y le dijo:
-Cuéntame cómo sonaban tus timbales.
El timbalero, soberbio, altivo, borracho, empezó a golpear el aire:
Ban a bon! -decía-. ¡Bon!¡Bon!¡Bon!
Y el estudiante, a reír, sentado en el suelo, se agarraba la cabeza con las manos y reía. Vino la mujer del timbalero, y al ver cómo se reía el estudiante, le tiró piedras, le dio puñetazos y lloró. Quiso abrazar a su hombre, pero él seguía batiendo:
Bon! ¡Abon! ¡Bon! ¡Ban!
Wagner o algo así, no sé.