Me usurparon la entrada del pozo. No importa, como lechuza que soy bien me alimento, bien veo en la oscuridad. Y tiemblen los ratones que andan ensimismados en su roer. Pero por los huesecillos no paso, tragar los trago como devolverlos los devuelvo. Tranquilícense lectoras/es. Mi afición a los excrementos es la meramente derivada de una curiosidad científica o literaria, nada más. Pero en el caso que nos ocupa, la oscura croqueta no es sino una valiosa egagrópila a través de la cual podemos desentrañar lo que comió la lechuza esa noche: un ratoncillo, seguro. Pero este material que presento bajo aperitivo no es sino una regurgitación indeseable y necesaria, facultad que nos debiera ser dada para librarnos siempre de cualquier hueso que se nos atravesase. También, puestos a pedir, la facultad de ver en la noche no estaría nada de más: ajustarse esas lentillas luminosas de las rapaces nocturnas y distinguir el fervor de la claridad que anida en lo oscuro. Buen provecho.
Y prosigue y se explaya de tal suerte que, más allá de nosotros, más allá de la propia vida, como activa abstracción que se hace carne, la idea de gozar está gozando.
Carlos Drummond de Andrade
Si sólo viésemos las dos últimas fotos podríamos especular sobre el qué y sobre el dónde. Se pueden pintar abstracciones mas o menos atrayentes, se puede ejecutar un poema sobre lo abstracto o decir bien sin decir nada lo cual no deja de ser una difícil tarea de estilo. Pero en la fotografía no, lo abstracto no entra en ella, siempre es una concreción de la realidad lo que succionamos con el objetivo. Y eso es lo que yo hice ante ese alcornoque muerto de Hornachuelos. Lo vi, lo palpé, observé que llevaba tiempo de esa forma, lo ausculté diagnosticando una estética oculta en la parte del codo. El paso del tiempo y los pequeños seres vivos que por allí estaban habían labrado sus intersticios y el resultado no podía ser más elocuente: una textura exclusiva y concreta.
Abstracto digo que no. ¿Y de qué es lo que encuentro? Piensa si algo de muerte tiene: sería acierto. Piensa si nutre vida, no habrá ejemplar duda. Muerte y vida en entregas, seguro, algo que surge.
Esta taranta es de Rafael Riqueni, honda, limpia, despejada, me sirve para colarme secretamente en un instante de reposo para circundar con los ojos esas texturas.
Ya abordé a las primeras vides en la entrada titulada procesión haciendo referencia a la artesanía de la tierra y al rezo particular en la misma. Inés, gran amiga y excelente grabadora, me pidió la foto de esa entrada. Con urgencia se la di. No soy profesional y foto que me piden foto que regalo. Y mi foto derivó en esa taxografía que muestro en la segunda foto. Ella me la regaló y yo ahora decido mostrarla como muestra de profundo agradecimiento. Inés tiene un bello cuaderno dedicado a su obra: incisionesmúltiples. La entrada que os aparecerá es la penúltima. Alude en ella la 'Oda a la fertilidad de la tierra' de Pablo Neruda.
'Inquietas son las semillas, sólo parecen dormidas.'
Hermosa Oda, Inés, la que has escogido. Y dicha oda me sirve para enfrentarme a la tercera y cuarta foto. Si el título de Inés es 'Entraña verde' bien pudiera decir que estas dos fotos son entraña dolorosa. Por cuestiones de excedentarias de vino el gobierno ha decidido promover un nuevo arranque de viñas subvencionado. Y así las veo yo: arrancadas de cuajo, desarraigadas. El color más oscuro pertenece a la parte de la viña que ha estado sumergida durante medio siglo. Viñas de pequeños agricultores desmoronadas. Ellos no las percibirán así, ¿o sí? Pero yo sí, percibo desmoronamiento, dolor por esa labor artesanal sostenida sólo con el agua del cielo. ¿Nos estaremos equivocando con la Madre tierra?
Bersuit
Madre hay una sola
Ciudades gigantes, enormes cloacas viajan torrentes hacia el mar, de un amor que huele mal. Como anunciándole al cielo, nuestro destino se ven las marcas de la muerte, por las ventanas del avión.
El progreso fue un fracaso, fue un suicidio la ansiada prosperidad, fue el más pesado vagón. ¿Para qué un juicio final? si ya estamos deshechos una explosión natural, hará una gran selección.
Yo te agradezco porque aquí estoy vos sos, mi única madre, con alma y vida hoy venero tu jardín. Te agradezco aunque me voy avergonzado por ser parte de la especie, que hoy te viola en un patético festín.
No te libraste de nosotros. Nuestra desidia fue por tenerte regalada, el creer que no valés nada. Estás pariendo hijos ciegos, estás cansada. Aunque tus lágrimas saladas, nos pueden ahogar si quieres.
Los pocos que te aman, no tienen fuerza. Como reliquias se pasean, sólo paquetes de turismo son; no hay más amigos que el sol, no hay más ofrendas, sólo este ataque mortal, al medio del corazón.
Yo te agradezco porque aquí estoy vos sos, mi única madre, con alma y vida yo defiendo tu jardín. Te agradezco aunque me voy avergonzado por ser parte de la especie, que hoy te viola en un patético festín.
Una toma una cerveza. Puede estar acompañada o no. Mira alrededor, mira a quien bebe, a quien ríe, a quien habla, mira a quien escribe en una libreta, mira a esa pareja que traza un beso breve, mira al gorrión que aprovecha esa miga del suelo, mira las raciones que te ofrecen (la que tu quieres no la tienen, quieres una de Él, sin aditivos, sin frituras), miras la plaza que te rodea, escuchas la fuente de al lado, preguntas qué hora es, enciendes un cigarrillo, atrapas un verso (Urgir una despedida para morir de nuevo), observas a esa avispa que ronda tu cerveza (te dijeron que la avispa pierde su aguijón y muere), te quedas inmóvil, no deseas que muera, no deseas su aguijón. El sol estima tu cara, te inclina a que cierres los ojos.
Los Fabulos Cadillacs
El aguijón
Mujer no me dejes así no me dejes tan solo no quiero sufrir vivir todo este tiempo sin tu amor me ha sido tan difícil porque estoy herido por un aguijón que es todo tu cariño y se clavó tan fuerte en este corazón
Y tu mirada la llevo encima la llevo atada a mi corazón y para siempre se va conmigo está clavado como un aguijón
Mujer no me dejes así no me dejes tan solo no quiero sufrir porque vivir es mi amor una tortura para mi si vos no estas conmigo no puedo dormir no puedo respirar prefiero ya dejar que el aguijón me mate y así pronto olvidar
Y tu mirada la llevo encima la llevo atada a mi corazón y para siempre se va conmigo está clavado como un aguijón
Pero esta herida que llevo encima no pesa nada solo es dolor y todo el peso de tu mentira toda la vida va a estar sobre vos
Y tu mirada la llevo encima la llevo atada a mi corazón y para siempre se va conmigo está clavado como un aguijón.
Pasaron tres horas y media. La ropa oscura en silenciosa quietud fue recogida, devuelta a la casa, entregada a sus armarios y cajones de siempre. La ropa blanca hizo su relevo, ejerció su derecho al aire; también lo hizo el pequeño ventanuco de la puerta del 140. Perfecto equilibrio del tendedero, eficacia probada. Tenemos derecho al aire, todos. Quizás la ropa tenga la excusa de unas pinzas, ondularse y dejarse ver. Pero en nosotros las pinzas sobran, al aire le gusta tramitarnos el viento, la brisa, de tal manera que indaguemos en la ropa. O en la piel. O en lo leve.
O ar (O vento)
Vinicius de Moraes Composição: Vinicius de Moraes / Toquinho / Bacalov
Estou vivo mas não tenho corpo Por isso é que não tenho forma Peso eu também não tenho Não tenho cor
Quando sou fraco Me chamo brisa
E se assobio Isso é comum
Quando sou forte Me chamo vento
Quando sou cheiro Me chamo pum!
Estoy vivo pero no tengo cuerpo Por eso es que no tengo forma Peso yo tampoco tengo No tengo color
Este ejemplar de olmo siberiano lo tenemos a menos de seis metros, frente a nuestra ventana. Su gama de verdes es evidente, las hojas tienen aún pocos días de vida. Irán tomando pigmentos hasta hacerse con ese verde oscuro propio de estos ejemplares. Pero es la gama actual la que me interesa, verla evolucionar día a día y tan cerca.
Verde de cerca
Verte de cerca, verde. ¿Te he dicho, acaso, qué parte de belleza me traes, que tenerte a tan pocos metros de mi ventana solucionas el rendimiento de mis ojos? Por si aún no me hubiera pronunciado, aunque creo habértelo dicho a diario, que en ti paren mis ojos, derívalos a tu fotosíntesis si así lo deseas, como forma de entrar más en tu calado y sean también tus hojas momento intenso de mi precipitado vegetal. Verde de cerca, verte.
Tú estuviste agitado a cambio de decir esa porción tan anidada de tan dentro. Otoño para calarte de ocre, invierno para saber de tu aguante, de tu esmero por fascinarme, primavera, ya acelerado y decir, a golpe de savia, ya estoy.
Y ahora estás tan Tú, tan rodeado, que verte así, embrionario, al lado de verdes encinados, con su fortaleza de adentro, de no irse, de quedarse persistentes, me hace estirar, sin duda, el cuidado a la hora de sentir tu tacto.
Este es un frontal de lujo. Lo tenemos frente a nuestra huerta en el término municipal de Perales, MADRID. Los verdes más tiernos corresponden a quejigos. Los más oscuros a encinas. Los verdes frescos del primer plano corresponden a chopos. Pues entre verdes os dejo. Eso sí, los verdes con brillo de faca son los más audaces.
Querido Manolotel que en silencio te hallas: estos son los pies reveladores. No son pies, son zapatos y zapatillas. Dices que somos como caminamos. Envido, Manolotel, somos como nos mantenemos quietos, ¿o no? Caminante, hay camino, quédate a mirar. Y me quedé. De las procesiones que vi no me interesó casi nada, todo dios con sus gafas de sol. Por dios, mi ley: los ojos dados al sol, enfrentados a las nubes, demoliéndose en la verdad. Cada vez creo más en la máscara que se oculta tras las gafas. Ray-ban por aquí, ray-ban por allá, rictus serios y cruz por garrota. Y de las mujeres, qué te cuento, modelitos y de via crucis. Cuando vi a la de los peep toes me dije: síguela, que destaca, esta procesión promete. Modelito a la última, tirabuzones de hora y media de peluquería. Fashion total, que sí. Y allí estaba, antes de entrar en la iglesia, entre la multitud, viendo a los pseudo-legionarios. Pero rescaté más zapatos entre las asistentes. Y zapatillas. Los zapatos de los hombres son anodinos, todos iguales. No destaqué ningún rostro, bueno el de la de los 'peep toes'. Quizá fuese obsesión mía frente a tanto calvario.
Agradezco esta foto a un amigo viajero, Antonio. Burro y bulto andante son del Nepal. Como un vía crucis diario, sin alharacas, sin tambores, sin estridencias. Un via crucis para ellos necesario, para mí injusto. Y aún así, me comentó Antonio, siempre te reciben con honradez, con gestos relajados. Alguna procesión he visto de refilón estos días, desde los rostros hasta los pies. Y me quedo con la procesión de los pies, más vistosa y que mostraré sin duda pues casi como un topo rastreé mientras los demás miraban Cristos, vírgenes y vivas a España. Burro y bulto me duelen y, aún así, los prefiero por su dignidad y su certeza. De los otros vía crucis, me los creería sin ruido, sin exposición y declamando no la muerte y la resurrección sino lo injusto.
Quiere su pelo imitar a las nubes. Queda desconcertada por el viento. Ha visto que el horizonte se despeja. Los sueños no se limitan, puede que una simple ráfaga los sacuda. O puede que acudan tras un leve soplo. Ella se imagina las sábanas alteradas del cielo, registra el recuerdo como un terciopelo blanco. ¿Qué se sabe de él?
Tardou tanto o día en caer aquela tarde de outono. Facer a equipaxe e decir adeus ás veces fai entristecer. Lévame lonxe á outra beira que o día xa vai caendo tardo en chegar.