martes, 16 de febrero de 2010

Sospecha


Una vulgar huella de coche que propicia un hueco de barro y agua hacen posible esas formaciones tan rectilíneas propuestas como reto en la anterior entrada en la que Inés dio en el clavo de la huella. Lo que no se imaginó, supongo, es que la huella fuese de coche.


Al final sucede el deshielo. Si no se avasalla la huella inicial probablemente las extrañas y rectilíneas formaciones se vuelvan a suceder. Así de fácil sucede con el agua, el hielo y la tierra. Es como si la tierra le cantara al hielo esa canción que medio habla el genial Bola de Nieve, que de helado no tenía nada. Al final hielo, agua y tierra es un uno perfecto.

El regalo propuesto será un cuadro de una amiga. Pondré una foto de dicho cuadro. Inés es la afortunada.





Bola de Nieve

Tú no sospechas (Letra de Marta Valdés, 1958)

Tú no sospechas
cuando me estás mirando
las emociones
que se van desatando.

Te juro que a veces
me asusto de ver
que te has ido adueñando de mí
y que ya yo no puedo frenar
el deseo de estar junto a ti.

Tú no sospechas
estas furias inmensas
que me dominan
cada vez que te acercas,
y aunque no ha habido intención en ti
de provocar lo que siento,
te vas a enterar de una vez
de que ya te quiero.

sábado, 13 de febrero de 2010

Cintura


Decir 'tu cintura, enemiga de la nieve' es hablar por lo alto, por los cuatro costados en un poema, considerado por mí, como uno de los mejores poemas de amor que se hayan escrito. Por éso, y por nada más, contentaros con adivinar la lógica de las imágenes que ahí ven. Habrá premio, de veras, para quien lo adivine. Hay una pista, no vale decir hielo, porque, efectivamente, hielo hay, pero quiero que indaguéis. Quien posea una cintura como la del poema lo habrá resuelto, seguro.
Abrigaros.





Gacela del amor imprevisto (F.G.Lorca)

Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.

Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.

Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.

Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.

jueves, 11 de febrero de 2010

Exención


Os puedo asegurar que cuando os propuse la escucha de Camané en la anterior entrada el servidor me aleteó una cuña espantosa del Red Bull y que si te daba alas y qué sé yo. De ahí la advertencia. Pude y puedo comprobar que a quien dio por entero las alas fue a mí sola. Pero os aseguro que aún Naide me ha reprochado el vuelo. Es más, me acerco más a otros vuelos más que al propio reposo. A estas garcillas, sin ir más lejos, pegadas literalmente a la autovía de Valencia todos los días.


Y mira que tienen el río Manzanares a menos de trescientos metros. Pero ellas allí, tan quedas, tan poco asustadizas. Hasta que te acercas a ellas. Entonces una sábana blanca se desenfunda.


Y la duda ornitológica (si hay alguien que le priva más la duda ontológica que lo haga) a que llego es si las garcillas están ahí para que la curiosidad de quien las mire desde otro ángulo distinto al de la carretera se convierta en inevitable publicidad o porque ellas ya están en periodo de conversión consumista. Sigue la duda. No el vuelo.



¿De qué está exento el vuelo?
Lo apalabramos en la tierra,
lo parimos sin cavilar la altura.
El vuelo, la gesta apetente,
el surco a mencionar desde el cielo.
De rozarte, de éso está exento.



lunes, 8 de febrero de 2010

IFAM



Si yo dijese adiós, sé
que un sistema paulatino de señales
me rescataría, pero no al gesto
inicial donde contuve
a partes iguales emoción y ritmo,
tampoco a un gesto adulterado
de función reconciliadora, por si hubo
equívocos considerados bajo la voz
de alguien o, simplemente por mí misma,
y sí al gesto de estar configurada
al recuerdo y que, al rastrearlo,
alzar una sóla figura, cosa o persona,
fuese la mansedumbre de la voz
la que se alzase
sin la discapacidad clara del rencor.





(La posibilidad de escuchar música así, de gratis, tenía que tener un precio un día. Soportad el Red Bull, al menos os dará alas frente a las cadenas.)


Maria II

Camané
Composição: Antero de Quental


Nova luz, que me rasga dentro d´alma,
Dum desejo melhor me veste a vida...
Outra fada celeste agora leva
Minha débil ventura adormecida.

Não sei que novos horizontes vejo...
Que pura e grande luz inunda a esfera...
Quem, nuvens deste inverno, nesse espaço,
Em flores vos mudou de primavera?!

Se as noites nos enviam mais segredos,
Ao sacudir seus vaporosos mantos,
Se desprendem do seio mais suspiros...
É que dizem teu nome nos seus cantos.

Nem eu sei se houve amor até este dia...
Nem eu sei se dormi até esta hora...
Mas, quando me roçou o teu vestido,
Abri o meu olhar - acordo agora!

jueves, 4 de febrero de 2010

Contrabandistas





Nada de nada, no. En una pequeñísima charca como ésta el color de las ovas aventaja al agua. La desnudez de toda la materia muerta nos indica una cosa muy cierta: que la esclerosis no entra en los planes del día a día de la naturaleza. Es más, podemos ver lo que no hay: nada de música, silencio (siempre roturado por verdecillos. Y también podemos ver lo que hay: un hermoso arco con el que creernos contrabandistas (o contrabajistas) de la mirada. Algo de algo, sí.



miércoles, 3 de febrero de 2010

Conformar/se



”La contemplación activa de la naturaleza conlleva no sólo una aproximación al conocimiento de la misma, sino también un estímulo para el entendimiento de la condición humana, de sus accidentes y remansos, de sus luces y sombras, de todo ese ilimitado y enigmático paisaje que conforma el universo interior de cada uno.”
Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900).

Bajo el título 'Terre de personne', el francés Pierre Gonnord, nos convoca a una interesante exposición sobre sus miradas hacia la tierra y a sus personas. En cuanto a la fotografía probablemente cierre la boca por la extraordinaria presentación: formato mayor al real en las personas y nitidez asombrosa (todas las personas tenían reflejada una misma ventana en su iris.) La elección de las personas responde a una particularidad en el rostro, algún defecto/exceso, alguna carencia, algún signo de agotamiento. Hasta mi hijo el mayor dijo que parecían como reales. La única pega que yo acuso a estos fotógrafos es que el concepto estético de la fotografía rebasa a la propia vida real del elemento fotografiado. Vamos, que sí, que muy bellas pero que a mí no me transmiten demasiada vida las personas allí expuestas.
Nietzsche en la cita expuesta y que da inicio a la exposición habla de esa conformación del paisaje interior de cada uno ante la contemplación activa de la naturaleza. Pues yo no me conformo con esas fotos tan perfectas y sí me conformaron (cuidado con el verbo conformar/se) un irritante paisaje individuos como el de la foto de abajo, perteneciente a la casta de los parias, hombres sin dignidad, tirados del mundo allí, en la India, en Sri Lanka. Y no te pares a pensar si es justo o injusto en el momento: la vida tiene un poder de arrastre muy superior a tu estornudo de rabia. Veo a ese hombre donde su vegetación pectoral se confunde con los secos pelos de las lineas laterales. Y a pesar de todo, este señor sonreía.

Quien pueda, que vea esa exposición, concluye el 28 de febrero.
Otra cosa es que muestre su conformidad.



domingo, 31 de enero de 2010

San Fiz



A través de la entrada 'Tabletas, libros, bragas' cuaderno de Alfredo J. Ramos, La posada del Sol de Medianoche, llego al poeta Ángel García López, poeta gaditano, de Rota, 1937. Leo algunos de sus poemas y digo, me cachis, cómo se nos pasan poetas tan buenos y, a cambio, nos zurran la badana con miles de estupideces narrativas que no valen ni un pimiento. Mi amiga Shandy ya me contó cómo sus paisajes de infancia, incluso su propia casa, desapareció porque el ayuntamiento de Lugo decidió urbanizar toda la zona de San Fiz, pueblecito con muchas historias entrañables que ella ha ido descolgando en su cuaderno a través de relatos. Esa zona es la que se ve en las fotos. Ahora, como los tiempos vienen mal dados, la construcción quedó paralizada, ni siquiera se construyó una triste casa. Para ella, ese paraje de San Fiz, fue como una selva. Pues así se titula el entrañable poema de Ángel García López que conjugo en esta entrada:

La selva

A Gumersindo y Carmen Galán


Justo donde la casa, el hormigón que gira
levantándose, las piedras
y el ladrillo obediente, estuvo, no hace mucho,
la selva.
En otro tiempo
Nada recuerda ahora
la feria del vivir .Las hierbas altas
de antaño. Tanto trébol.
Los niños que corrían descubriendo la flor.
La bella historia
del nido. Aquellos árboles.

Alguien sembró su rayo, la fiereza exultante
que el dorso es de la savia.
El hierro se erige en el lugar. Los albañiles
elevan la argamasa. Inician torres
de cemento durísimo. El escombro
se posesiona del verdor. Asfixia con su polvo
los animales libres de la tierra
que, un día no lejano, procrearan
su estirpe.
Ahora es el triunfo
del bodegón sobre la gracia viva
del vegetal.
Todo engaña,
recuérdalo. Es efímero. Tanto espejo que finge
sus plurales azogues.
En el lavabo
cruzan cigüeñas, estorninos gigantes,
con un cesto de frutas
en la voz.
Corren grifos. Hermosas cataratas
y cisternas.
Fúnebres melodías en el agua que brota.
Aquí
yacen, podridos,
el mundo liliput de los insectos,
las hormigas menores. Tantos seres
de estatura inferior, hoy calcinados
bajo el jardín.
Detrás de los visillos
se iluminan estancias, otras flores ingenuas
que están como enterradas en el cuadro. Sin aire
y sin perfume. Cadáveres que el óleo
representó.

Todo es así. Recuérdalo:
figuras que se borran. Espejismos. Adobes.
No.
No hay nada que nos duela si no es la carne misma
la que sufre. Alguien desconocido, cada tarde,
se entrena
pensando cómo herir.
Nació, a nuestro pesar , la arquitectura
donde el ramaje puso su hermoso pie silvestre.
Trazó las alambradas de la verja,
los bancos del zaguán. Toda esta flora
que suplantó lo vivo de aquello que aquí fue.
Nada recuerda ahora la bella floración,
los minaretes pulcros del enebro. La lluvia
de los tímidos sauces.
Ahora, qué hacer, son ya los signos
de la grandeza. El tiempo,
cada río, lleva su historia al mar.
Todo fenece, cambia
como un rostro.
Se viste ahora la selva
con la tibia casulla que decora y maltrata
la presunción.
Abdican de su trono
las ramas. Los gorriones se aman en la acera.
Se persiguen el vuelo
sin encontrar más sol que las cenizas
de la luz.

Justo el lugar.
Aquí, donde la casa
ésta que, sin deber, pienso es hermosa.
Donde amanecen vidrios y mosaicos,
la herramienta que brilla, estuvo el polen.
Recuérdalo. ¿no era
como subir a una montaña?
El ojo
iba trazando su ascensión. Crecía
el fresno su abundancia, su violenta conquista.
Y el roble alzaba intacto
su tronco, lo que el pájaro pudo
traer desde la sierra.
El pico ya salobre
de azul que era mar .Tallos de nieve.
Olvido y herbazales. Nuevo aroma
que hoy grita en pebeteros
de cristal. Otros sándalos. Maderas
donde el disco del sol decanta el turbio oro.

Hoy, ya fauna distinta, el hombre mira
con dolor el paisaje
que vio feliz. Oye llover
como trinar. Costumbre ya del duelo.
Que todo es un museo, preparado
con sed de lastimar. Pero nosotros
resistiremos.
Haremos la pupila
un viejo arcón de plata.
Y siempre será selva
nuestra memoria.

De "A flor de piel"

viernes, 29 de enero de 2010

Xelu


El xelu, si estamos en Asturias. El xel, si en Galicia.
El hielo aquí, en Madrid. Por debajo de cero.
Buena opción este hielo si nos quedamos sin gato para izar el coche si hubiera un pinchazo.
Pero no trivialicemos al hielo, pues está lleno de misterio.
Imaginemos una relación personal: ¿se enfría por debajo de 0ºC?
¿Cuánto hielo puede almacenar una persona?
Ese coche de la uve doble, al menos sintió la caricia de una columna de hielo hasta ésta desaparecer. Fue como un cálido apoyo en una fría mañana.



Nosoträsh (Nadie hablará de...)
Nenyures


Tantu no que pensar
y sicasí nun hay ná que descubrir,
trozos de xelu arrinqué dientru de mí,
y ún a ún vilos derritise,
canséme güey de recordar.

Siento llercia en to les mañanes
dende'l dia en que al marchar
garro'l so abrigu y nun m'esperto,
tan sólo diome un besu despacín
y fo perdese nel cantabricu
per lloñe de cualquier llugar.

Lloñe de mi mesmu,
lloñe de too,
volviendo a tar enantes de morrer
lloñe de too una vegada más.

Lloñe de mi mesmu,
lloñe de too,
volviendo a tar enantes de morrer
lloñe de too una vegada más.


En ningún lugar

Tanto en lo que pensar y sin embargo ya no hay nada que descubrir trozos de hielo arranqué dentro e mí uno a uno los vi derretirse hoy me cansé de recordar suena el miedo todas las mañanas desde el día en que al marchar cogió el abrigo y no me despertó tan solo me dio un beso despacín y fue a perderse en el Cantábrico muy lejos en ningún lugar lejos de mí mismo lejos de aquí volviendo a estar antes de morir una vez más en ningún lugar.

jueves, 28 de enero de 2010

Estalagmita

Ana Rosetti (Cádiz, 1950)

Chico Wrangler

Dulce corazón mío de súbito asaltado.
Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asienta en una boca
y en sus jugosas sedas se humedece.
Porque una camiseta incitante señala,
de su pecho, el escudo durísimo,
y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,
dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.
Se separan.

Indicios vehementes, 1985


Antes de que me vuelva a poner el chal poético y de que acoja a mis fresnos dentro del amanecer, quiero plantear la pregunta de si hay cosas imposibles. Me diréis que a manos llenas. Ya sé, vivimos en el mejor de los mundos posibles pero, desde luego, es imposible vivir en un mundo mejor. Lo que sí no es imposible es la erección del hielo. Y es que una no es para nada fría ni está libre de pecado; y es más, detecta las zonas erógenas a la legua. ¿Quién me iba a decir a mí que una rejilla de un fuente fuera tan sensible? Pues sí, ya lo veis. Gota a gota se forma el verso, o el falo, o el hielo. ¿Imposible? Para nada y, además, perfectamente viable. Bueno, aquí todos somos mayorcitos y nadie creo que se escandalizará. Y, por último, convendréis conmigo que, lo que menos le conviene al hielo erecto es un cálido precipicio. Creía que éramos polvo, pero no. Desde mi absoluto ateísmo creo que somos agua. Y si no que se lo pregunten a Marte.


Albert Pla está dentro de mis predilectos a pesar de su rayadura. Aquí pasamos de la ópera a la canción sutil.



Albert Pla (Ventegenarios en Alburquerque)

Después de corrernos
no me marcharé corriendo
me quedaré otro ratito
junto a ti
perdiendo el tiempo
después de corrernos
no encenderé un cigarrito
fumo poco últimamente
y sólamente fumo tus besos

me quedaré otro ratito
con el silencio de tus ojos
junto a ti mirando el techo
sólo se escucha a lo lejos
ese camión de la basura
haciendo su ronda nocturna
yo no te dejaré nunca
yo no te dejaré nunca

después de corrernos
no me quedaré dormido
pues no hay nada más bonito
que soñar contigo despierto
después de corrernos
no iré a hacer un pis ni iré a lavarme
no oiré teléfono ni timbre
me quedaré contigo para siempre

me quedaré otro ratito
con el silencio de tus ojos
junto a ti mirando el techo
sólo se escucha aquí cerquita
ese rugido de mis tripas
y en el tejado un gatito
le va maullando a la luna
yo no te dejaré nunca
yo no te dejaré nunca
yo no te dejaré nunca

lunes, 25 de enero de 2010

Búfalos

Bosque de fresnos entre el río Manzanares y el Jarama




Búfalos

Me veo en ese bosque
a la caída de la noche
como un acento desbordado
de silencio y añado
que el río era un cantor
constante, siendo
los búfalos la parte
del sueño más acusada.
Pertenezco a esa fiebre
llena de semillas
en plena dotación
de luces, sombras y,
por descontado, ante ellas,
no me queda sino
desplegar el asombro.