Existe un diálogo permanente en todo lo que nos rodea. Un diálogo silencioso que, al menos para mí, es el más pertinente. Basta quedarse como observadora en un parque para ver como percibes las palabras de los cogotes. El señor del sombrero giró, en sentido antihorario, 90º para ir acercándose a la chica de al lado que, simplemente leía un libro. El sentido antihorario de las cosas es muy recomendable. Y, os lo juro, yo, en todo momento, tuve en cuenta lo que el señor le iba diciendo en lenguaje reservado y oculto y cómo ella, aparentemente al margen, le contestaba en ese intento de entenderse en una grata conversación.
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis.
Habrá quien piense que he suplantado cigüeñas por corderos y ovejas en esta finca. No. Mi única intención es poneros en bandeja mi asombro. Había visto concentraciones similares, pero de grullas, allá por la laguna de Gallocanta. No quise, de todos modos, perturbar su reposo ganadero o tan siquiera adivinar de si se trataba de algún disfraz utilizado por las amigas lanudas. Cambio lana por pluma. La cigüeña tiene buena prensa, no así el lobo. Pero yo no me fío de la cigüeña y de su crotorar. Y, además, la idea de rebaño no me seduce.
ANTONIO CALDARA La morte d’Abel figura di quella del nostro Redentore
(Pietro Metastasio)
Parte prima
Abel
Quel buon pastor son io, Che tanto il gregge apprezza Che per la sua salvezza Offre se stesso ancor.
Conosco ad una ad una Le mie dilette agnelle E riconoscon quelle Il tenero pastor.
Traducción
Abel
Soy ese buen pastor que ama tanto a su rebaño que él mismo se ofrece para su salvación.
Conozco a cada uno de mis queridos corderos y ellos reconocen a su cariñoso pastor.
Visto así, con unos ojos objetivamente inquisidores, diríamos que por este tronco ha pasado el tiempo a golpe de hachazos. Un tronco que aún resiste a la intemperie, un tronco amoratado, un tronco-cuenco que hace de recipiente de la lluvia ahí descuidada.
Visto con otros ojos, con ojos incrustados de interior, diríamos que es un corazón ya rajado, un corazón que aún medita su sangre, un corazón que importuna a los recuerdos vivos, un corazón en permanente sangre.
Cada uno que vea lo que quiera. Yo tan sólo, ya con el viento frío en el cuerpo, percibo la leña minuciosa que siempre hablaba dentro de las porciones más vivas del invierno.
Apelo
Elizeth Cardoso
Composição: Baden Powell/ Vinicius de Moraes
Ah! meu amor não vás embora vê a vida como chora Vê que triste esta canção Não eu te peço não te ausentes pois a dor que agora sentes Só se esquece no perdão
Ah! minha amada me perdoa pois embora ainda te doa A tristeza que causei Eu te suplico não destruas tantas coisas que são tuas Por um mal que já paguei
Ah! minha amada se soubesses da tristeza que há nas preces Que chorar te faço eu Se tu soubesses do momento quanto ao arrependimento Como tudo entristeceu
Se tu soubesses como é triste eu saber que tu partistes Sem sequer dizer adeus
Ah! meu amor tu voltarias e de novo cairias A chorar nos braços meus (2x)
Sentir la placidez de ese verbo que nos entra gratamente: herir.
Asociado como está a la herida no lo quiero yo ahora.
Veo ese líquen adherido a la piedra y me conmueve.
Me conmueve la elección: esa piedra, ese norte que nutre; y la herida que en gozo me provoca: gozo, gozo, gozo. No quiero ir nunca a la zaga del gozo. Quiero ir de su mano, a su par. El gozo del lugar elegido, el gozo de entenderse, el gozo de extenderse.
Adherirse es un verbo a tener en cuenta.
También se me adhiere (¡Y de qué forma!) el Ave María de Schubert
Estas fotos son del final del verano. El panorama a día de hoy no ha variado ni un ápice. Ese señor no duerme ahí: hace la vida ahí, barre su lugar, mima su rincón. Aún no he hablado con él. Os lo presentaré algún día. Mientras, él seguirá tan curioso: cubrirá su casa los día de lluvia. Para él un gran plástico y unas pinzas son fundamentales. Fuma y observa. Este hombre no sabe que gracias a un semáforo que hay en la calle lo fotografío. No intuye que cuando coincido delante de él y llevo la cámara lo capto. El semáforo en rojo siempre nos hace parar. Me pregunto ahora cuántas paradas hacemos en ese semáforo que llevamos en nuestro interior y que, de vez en cuando, se pone en rojo.
Castañas, castañas, las puedes tomar en un cucurucho para merendar... El mes de noviembre castañas nos da, asadas, tostadas, ¡qué ricas están! ¡A las ricas castañitas, asaditas, calentitas!
El otoño. Antes las ciudades olían a otoño, el fruto se precipitaba hacia ellas de forma necesaria, de forma natural. La castaña asada siempre fue preludio del frío. Te caía una en la mano recién y la bailabas hasta quitarle la piel sin quemarte. Ahora. Ahora siento que la orografía de la ciudad se queda huérfana si no surge el olor, si no te traspasa el fruto del otoño.
Estas fotos pertenecen a una castañera al pie del paseo marítimo de Oporto. Todavía se ven muchas castañeras. Oporto será aún decadente en muchas viviendas de su parte más antigua pero de lo que estoy segura es que aún no es una ciudad huérfana.
Amemo-nos tranquilamente, pensando que podiamos, Se quise'ssemos, trocar beijos e abrac,os e carícias, Mas que mais vale estarmos sentados ao pé um do outro Ouvindo correr o rio e vendo-o.
Al pie del mar me hallo. Cercana a la desembocadura. Por tus palabras ya estoy yo remando, recortando el final del río. Suponme lenta, con la cadencia del albatros. No sé si arriesgarme a decirte la afluencia de mi delirio por el amor. Te voy a ver, llevo inscrita. Vou-te ver, diría Pessoa.
NICOLA PORPORA 1686-1768 Siface (Pietro Metastasio) Atto secondo, scena IV
Siface
Come nave in mezzo all’onde Si confonde il tuo pensiero; Non temer che il buon nocchiero Il cammin t’insegnerà.
Basterà per tuo conforto L’amor mio nella procella; La tua guida, la tua stella, Il tuo porto egli sarà.
NICOLA PORPORA 1686-1768 Siface (Pietro Metastasio) Acto segundo, escena IV
Siface
Como un barco en medio de las olas se halla conturbado tu pensamiento; no temas, que el buen timonel el camino te enseñará.
Bastará para tu consuelo mi amor en medio de la tormenta; él será tu guía, tu estrella y tu puerto.
Que tengamos la piel de pêssego (melocotón) debe ser el fin último de las empresas cosméticas. Desde luego que a mí la comparación no me agrada. De momento, la pelusilla del melocotón siempre me dio dentera. Pero ya ven, avanzan los estudios y la huerta más sirve para las cremas que para un buen gazpacho. Yo me quedo con lo segundo. También me quedo con mis imágenes de tomates en rama que, tras tres meses han llegado al estado que veis. Os puedo asegurar que eran igualitos a los de la fotografía publicitaria de la crema de SEPHORA. Tardaron en arrugarse, duros como pelotas de billar, pero, al final, la arruga es la porción más exacta de la vida. Otros dicen que es bella. Yo digo que la arruga es tal cual y que prefiero gastarme en bacalao lo que otr@s en cremas. O si no escuchad a los Siniestro Total.
Inmaculada es un adjetivo que me gusta para lo que no es. Inmaculada es esa manzana por la que se trasvasa la vida. Imaculadas son esas manzanas que no han visto ni por asomo líquidos fumigantes. A todas las Evas que pecaron, o a las Uvas, o a las Ovas, a todas os dedico este manjar de sabor inmaculado. Quiero pecar de un modo original, ¿se nota?
A esa muchacha que dió a morder su piel de manzana, cuando Cupido plantaba un nido en cualquier ventana. A esa muchacha que tuvo al barrio guardando cola y revoloteando como polillas en las farolas.
A esa muchacha que fué Piel de manzana se le quebró el corazón de porcelana, se le bebieron de un trago la sonrisa, la primavera con ella tuvo prisa.
Y quién me hace entender que la entretuve ayer temblándome en las manos. Maldigo el no poder volvernos a esconder en el último rellano y a oscuras, compartir un ramillete de promesas. Y oír,sobre las diez: "Niña, la hora que es y sin poner la mesa".
Muchachas tristes que florecísteis en mis aceras, bien poco ha escrito en vuestros cuadernos la primavera.....
No estamos en el diciembre de Chile, que es cuando se desata el tomate, según nuestro Neruda. Estos tomates son de finales de septiembre y de la más pura meseta castellana. Las piñas en los juegos de pool o billar americano tienen 15 bolas. Esta piña tiene 17 tomates. Pero, cuidado, aquí no se trata de jugar. Arriésguense y verán como se hunden los tomates en el taco. Porque son tomates normales, sin más riego que el del cielo ni más sustancia que la que aporta la tierra. Estos tomates son, en definitiva, un privilegio. Los otros, los de piel dura, los que ni a duras penas maduran, los que perduran sin sabor, los otros sí sirven para el billar, para meterlos en la tronera. Quizás sean más duros que sus homólogas bolas de polímeros. Me quedo con mis tomates, con los de color fogoso.
ODA AL TOMATE Pablo Neruda
La calle se llenó de tomates, mediodía, verano, la luz se parte en dos mitades de tomate, corre por las calles el jugo. En diciembre se desata el tomate, invade las cocinas, entra por los almuerzos, se sienta reposado en los aparadores, entre los vasos, las mantequilleras, los saleros azules. Tiene luz propia, majestad benigna. Debemos, por desgracia, asesinarlo: se hunde el cuchillo en su pulpa viviente, es una roja víscera, un sol fresco, profundo, inagotable, llena las ensaladas de Chile, se casa alegremente con la clara cebolla, y para celebrarlo se deja caer aceite, hijo esencial del olivo, sobre sus hemisferios entreabiertos, agrega la pimienta su fragancia, la sal su magnetismo: son las bodas del día, el perejil levanta banderines, las papas hierven vigorosamente, el asado golpea con su aroma en la puerta, es hora! vamos! y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate, astro de tierra, estrella repetida y fecunda, nos muestra sus circunvoluciones, sus canales, la insigne plenitud y la abundancia sin hueso, sin coraza, sin escamas ni espinas, nos entrega el regalo de su color fogoso y la totalidad de su frescura.