Una alondra recién salida de unas retamas. Repito: no hay truco. Toda tan cerrada. En un instante inmediatamente posterior abriría las alas. Las ligeras alas que ondulan su vuelo característico. Pero yo la veo leve, sutil en el aire. Vista así es como si excluyera la gravedad. A mí me gustaría ser ingrávida y no tener que fatigar a las alas. Pero el vuelo totalmente desplegado, reposando sobre el aire, también me sustrae.
Mi entrañable compañero me dio como receta este poema de un poeta sobre el que él volverá en unos días. Le surgió al hilo de la alondra, al hilo de lo que nos queda por decir en un poema, al hilo de lo que nos queda por ser y al hilo de la lectura de Fulgencio Martínez López en su imprescincible poemario 'León busca gacela':
Un viento negro
Un viento negro duerme en nuestros poemas. Un viento negro, y hay más: pasos que nunca hemos dado hacia no se sabe qué destino. Gritos y pasos y alfileres que despiertan el limbo de nuestras alas plegadas.
Ahora ya no me escapo de exponer el nombre 'vilano', que antes era (y en algunos sitios es aún) el milano, el rapaz, el pequeño águila, pero no, me dirijo a ella como a la flor del cardo. Amarillo, rojo (las entradas anteriores) y morado ahora. Sí, si alguien se deriva hacia el republicanismo mejor. Fue la gran hazaña/Azaña para que España hubiera sido un país gratamente progresista. Pero aquí para esta republicana porque amo a esa flor como a la que más, la hermana burra de la alcachofa, sí de su nombre griego onopordum, onos, asno, y de pordum nada digo, que el que quiera que investigue. La flor de cardo tiene espinas claras, nada quiere con las rosas y adquiere festines de gorriones en la época de la maduración de sus semillas. Y yo, si fuera mina, lo sería de cardo. Lean la letra de ese tango soberbio: reivindicación.
"Ser mina flor de cardo" Cantada por Patricia Barone y la Yapa
Ser mina flor de cardo, la forma de ser mina. Dejá que se nos pierdan los nombres de otro siglo, la rosa, que es tan suave y oculta las espinas, la hermosa muñequita que mira desde el vidrio.
Ser mina flor de cardo, la mina de algún hombre que entienda que al ganarnos no valen tonterías, que acepte que llamemos las cosas por su nombre y june que hay croqueta valiosa en una quía.
Ser mina flor de cardo, yugarse el sitio en serio, no andar especulando con fáciles histerias, no hacer que los gentiles y amables caballeros se obliguen a cedernos el paso en cada puerta.
Ser mina flor de cardo, no acepto otro bautismo, ni rosa, ni muñeca, ni frágil por costumbre. Ser mina flor de cardo sin falsos heroísmos sabiendo que me esperan rebeldes mansedumbres.
Ser mina flor de cardo con sangre y con ojeras, con gotas en la frente bendita del trabajo. Con muchas esperanzas, ternuras y polenta en sábanas que arrugan amores y cansancio.
Quisiera recibirme de mina flor de cardo, de pan que se comparta, de espina que se avise porque ése es el buen nombre, porque ése es el más alto y el único que importa si un hombre te lo dice.
Ser mina flor de cardo y al diablo con el resto!!! perder los otros nombres, perderlos para siempre por falsos, por antiguos, sabés? Por puro verso, por ser las lindas trampas que a veces se nos tienden.
Quisiera recibirme de mina flor de cardo, de pan que se comparta, de espina que se avise, porque ése es el buen nombre, porque ése es el más alto y el único que importa si un hombre te lo dice.
Letra: Adriana Turchetti Música: Javier González
(Para acercarse a la acepción Mina: http://es.wikipedia.org/wiki/Lunfardo#Mina)
Folerpa: En Galicia son las partículas (anacos) de nieve que caen. Por similitud, folerpiñas acoge el nombre de estos filamentos que corona el fruto/semilla del diente de león.
Algún céfiro ya debió de aventar las folerpiñas (vilanos). Me agrada que así sea. Seguro que lo hizo a sabiendas de los buenos deseos de la propia naturaleza. O quizá la naturaleza sea tal, sin buenos o malos deseos. La semilla es la base del seguir. ¿Y que hago yo con las que quedan? ¿Las soplo? Puede que yo me asuma naturaleza también y deje mis deseos a un lado y simplemente esgrima bajo mis pies una porción de tierra para que cualquier semilla descanse o germine. De momento no soplo, aunque desee.
La vida tuya sangre mía abona y te amo a muerte, te amo; si pudiera bajo los cielos negros te comiera el corazón con dientes de leona.
Antes de conocerte era ladrona y ahora soy menguada prisionera. ¡Cómo luce de bien mi primavera! ¡Cómo brilla en tu frente mi corona!
Sangre que es mía en tus pupilas arde y entre tus labios pone cada tarde las uvas dulces con que pan convida.
Y en tanto; flor sin aire, flor en gruta, me exprimo toda en ti como una fruta y entre tus manos se me va la vida.
Alfonsina Storni
¡Ojo! que ya sé que esta foto no es actual. Pertenece a la cosecha del año pasado en mi pueblo conquense. Pero dije que me apetece llenar este cuaderno de flores. De flores anticipadas, de mares inauditos. Cuando veo esos campos lo que me entra es el sentimiento de transfusión. La retina no deja de ser la que invade el corazón y el alma. A veces tienes invadida el alma y entonces la retina exclama aún más. Retina, voz, intimismo, colorido, urgencia: son palabras que anticipo a esas flores que espero que se repitan este año. Y yo le digo a la amapola lo de Alfosina Storni:
Italo Calvino en su libro 'Por qué leer a los clásicos' presenta en su punto catorce la siguiente razón de dicha lectura:
'Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone.'
Pues como estoy muy primaveral es por lo que quiero aprovechar para plantar de flores este cuaderno. Eso sí, flores salidas sin pedir permiso a nadie. Simplemente porque esas son las flores que me seducen amplia y gratamente. Las cultivadas, para otr@s. Y mi texto aquí se acaba. Expongo sin más ese fresco diente de león que presagia, que impone la primavera cuando los céfiros son caudales. Y acompaño con una parte de la VII Oda del IV libro de Horacio.
Las nieves de fundieron, ya los céspedes vuelven a las llanuras y el follaje a los árboles. La tierra se renueva y, al decrecer, los ríos discurren por sus cauces. Una Gracia, desnuda, se ha atrevido a dirigir las danzas junto con sus hermanas gemelas y las Ninfas. Nada inmortal esperes, que lo advierten el año y el instante que se lleva consigo al día bienhechor. Los fríos se suavizan con los Céfiros, luego la primavera es aplastada por el verano, el cual perecerá cuando, abundante en frutos, el otoño nos prodigue sus dones; y pronto vuelve el invierno inactivo.
Hecho ya este recorrido estacional con Horacio, a la espera quedo de dar a ese diente el soplido que merezca. Previo a mis deseos, como en la infancia.
Porque te doy el aire que tu respiras: No me estragues.
A ti, árbol, me excederé con la mirada, con mis manos. Te podré acariciar porque sé de tu corteza, de tus sensores con la tierra. Tu sombra será mi adulterio más esperado. A ti, árbol, que puedo requerirte como te requiere un pájaro. A ti, que por esperar espero entrar. Como alzada para recogerte, a ti. Como acostada para silvarte. Como enredada para trepar. Me excederé en tu reposo.
FOTOSÍNTESIS Tus electrones giraban tranquilos por órbitas de tu mundo interior, mientras los días iban configurando en ti la clorofila, en una mutación de la cual desconoces el origen.
Ahora eres un árbol en el bosque de la vida, con el día llegó la luz de tus ojos y te diste cuenta que los electrones se excitaban con aquel beso de luz. Seguían una cadena de transporte con una alegría que daba energía y obtenía oxigeno del agua.
Y te introdujiste en el otro fotosistema, que tenía una clorofila diferente, completando su órbita.
Ya sin luz, en la noche, un conjunto de reacciones mágicas de enlaces y atracciones entre todos los átomos iban purificando el aire mientras el gusto dulce del azúcar se repartía por todas las ramas, troncos y raíces haciendo más brillantes, más verdes las hojas.
Quien dude de que gracias a las hojas y a la fotosíntesis vivimos que me lo diga. Yo no lo dudo. Como tampoco dudo de la savia elevada de estos días en nuestro país. Afluencia, se desvela el ya sabido misterio del invierno: la retención de la vida. Ahora todo se alborota, nos alborotamos, nos emancipamos de vida. Por los amentos comienzan todas las salicáceas, luego las hojas, la sombra, el estío, el otoño y las hojas caídas. Como para dudar. Curioso es que el ácido acetil salicílico proviene del sauce (ejemplar de las hojas incipientes). Para la fiebre, para su estado febril se autoabastece el sauce.
El veneno es acechante. Esta es una fotografía preventiva. Dar datos: la víbora hocicuda es silenciosa y arroja un máximo de silencio y tranquilidad. Pero no la agarre uno sin querer, o la toque, o pase a su lado. El mordisco es su defensa, el veneno su lógica de existir. La víbora hocicuda vive en altitudes de hasta 1700 metros, justo a la altura donde capté esta fotografía del verano pasado, en la Pedriza madrileña. Se mimetiza como la mariposa; sobrecoge, entusiasma su belleza. Su veneno la enaltece.
Mariposa en reposo. Mariposa en prosa, en arrullo, en poema loco. Creí verte en su cabeza, enredada en su gorro. Ahora estás mimetizada en ese tronco, toma aire, no te accidentes. Siempre sabes los caminos del campo, el reguero de las flores. Contento estoy de verte pensando cómo regalarme un vuelo.
Pablo Neruda (De 'Veite poemas de amor y una canción desesperada')
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto
Ya tuvimos un encuentro en el inicio de este cuaderno con una procesión de vides. Ahora aíslo una una cepa añosa a la que el tiempo ha dedicado su punto más inquieto de color. Así son los líquenes de vangoghianos, trazan su postura cuando la humedad ya no es transitoria, cuando el tiempo es irrefutable. Podrían las uvas de la variedad airén dar también vino de pinceladas exóticas. Nos conformaremos con un chato sencillo. Dejamos que el resto de cepas revienten en breve o, como se dice en la Mancha, empiecen a llorar la savia que tanto han retenido. Esa es la verdadera procesión: la de los ciclos naturales. Pero me quedo con la estética del retorcimiento, con sus siluetas de alma convulsa.