
También se me adhiere (¡Y de qué forma!) el Ave María de Schubert
Algo inmediato se presenta. Lo captas y luego crece en ti.

Estas fotos son del final del verano. El panorama a día de hoy no ha variado ni un ápice. Ese señor no duerme ahí: hace la vida ahí, barre su lugar, mima su rincón. Aún no he hablado con él. Os lo presentaré algún día. Mientras, él seguirá tan curioso: cubrirá su casa los día de lluvia. Para él un gran plástico y unas pinzas son fundamentales. Fuma y observa. Este hombre no sabe que gracias a un semáforo que hay en la calle lo fotografío. No intuye que cuando coincido delante de él y llevo la cámara lo capto. El semáforo en rojo siempre nos hace parar. Me pregunto ahora cuántas paradas hacemos en ese semáforo que llevamos en nuestro interior y que, de vez en cuando, se pone en rojo.
El otoño. Antes las ciudades olían a otoño, el fruto se precipitaba hacia ellas de forma necesaria, de forma natural. La castaña asada siempre fue preludio del frío. Te caía una en la mano recién y la bailabas hasta quitarle la piel sin quemarte. Ahora. Ahora siento que la orografía de la ciudad se queda huérfana si no surge el olor, si no te traspasa el fruto del otoño.
Estas fotos pertenecen a una castañera al pie del paseo marítimo de Oporto. Todavía se ven muchas castañeras. Oporto será aún decadente en muchas viviendas de su parte más antigua pero de lo que estoy segura es que aún no es una ciudad huérfana.




Que tengamos la piel de pêssego (melocotón) debe ser el fin último de las empresas cosméticas. Desde luego que a mí la comparación no me agrada. De momento, la pelusilla del melocotón siempre me dio dentera. Pero ya ven, avanzan los estudios y la huerta más sirve para las cremas que para un buen gazpacho. Yo me quedo con lo segundo. También me quedo con mis imágenes de tomates en rama que, tras tres meses han llegado al estado que veis. Os puedo asegurar que eran igualitos a los de la fotografía publicitaria de la crema de SEPHORA. Tardaron en arrugarse, duros como pelotas de billar, pero, al final, la arruga es la porción más exacta de la vida. Otros dicen que es bella. Yo digo que la arruga es tal cual y que prefiero gastarme en bacalao lo que otr@s en cremas. O si no escuchad a los Siniestro Total.






Y toda la ilusión tiene su letra pequeña: globos, cumpleaños y letra pequeña. Y ahí está 'Neorrabioso' el acertado colocador de pintadas que desmoronan aquellos principios que en francés hasta sonaban de lujo: liberté, egalité y fraternité. Difícil lo tenemos: claro lo ha dejado Xuanrata en el último sabio comentario de la entrada anterior: vivimos en la democracia de mercado y publicitaria. Vamos, una democracia de mierda. Bien por ti, Neorrabioso.
Ahora, si se hallan con ganas escuchen a Cáceres en este tango: UTOPÍA



