miércoles, 19 de junio de 2013

Ritornelo


Sofia Columela


Chema Madoz

Recuerdo aquella pared que había en el jardín del cura. Toda ella de hiedra. Toda ella piedra e hiedra.
Los meses de julio y agosto eran de festín ornitológico. Los gorriones pernoctaban allí al caer la noche. A los chicos del pueblo les gustaba remover ese inquieto descanso con una pedrada. Se acabó el festín. Pero no siempre se desordenaba el descanso de los pájaros. El amanecer era un retorno, o un ritornelo. ¿Cómo no comulgar con la hiedra a pesar de sus estragos a la pared? ¿Cómo no ser hiedra y fuego?




Henry Purcell, Ritornello 


Sound the trumpet till around
You make the list'ning shores rebound.
On the sprightly hautboy
play all the instruments of joy
that skillful numbers can employ
to celebrate the glories of this day.

13 comentarios:

XuanRata dijo...

En el destino de la hiedra está el abrazar y tu hiedra abraza al fuego sin reparos: quien sabe, tal vez estamos confundidos y entre el fuego y la madera no hay enemistad sino amor trágico.

Un abrazo (sin cerilla, tranqui).

Marga dijo...

Cómo no... eso mismo pienso yo leyendo tus palabras.

Y me quedo contemplando un rato el rompecabezas de ellas y las imágenes.

Me gustó tu cueva. Un placer encontrarte

Ventana indiscreta dijo...

La chispa de tus comentarios, Xuan, es inequívoca. Como lo que aportas en tus fotografías. Siempre trazas un concentrado que me deja parada no por lo dicho sino por las posibilidades de expansión de lo dicho.
¿Y no es que dicen en las noticias sobre los fuegos que se expanden?
Pudiera parecer, pero en el amor trágico no creo que haya fuegos artificiales.
Un abrazo de hiedra (de la que no destroza).

Ventana indiscreta dijo...

Cómo no..., Marga: feliz comunión.
Tuve hace años un profesor en la Complutense que se llamaba Tomás. Un día nos llevó a lo que el llamaba 'cueva'. Era en un pueblo de Madrid llamado Fuentidueña de Tajo. Bajo el castillo del pueblo se situaba su casa cueva que había comprado. Recuerdo ese día como muy, muy caluroso. Te cuento que la cueva era una casa excavada, con su luz, con su agua. Y re cuerdo que al entrar en ella fue como traspasar el umbral de la serenidad y el gozo. La temperatura que allí había era tan natural como vital, y sin necesidad de gasto energético. Siempre que hace calor en Madrid me traigo (en la imaginación) un trozo de aquella cueva.

Hay otra cueva que descubrí leyendo a John Berger y que alguna vez me gustaría entrar en ella:
La cueva de Daudet.
Te dejo este bellísimo enlace:

http://elpais.com/diario/2002/09/28/babelia/1033167967_850215.html

Y este otro no menos bello:

http://blogs.elpais.com/sin-titulo/2012/03/john-berger-la-mano-pensante-.html

No sé si conocerás a ese escritor, pero siempre lo recomiendo: toda su obra, pero en especial PUERCA TIERRA.

Mi cueva es bastante modesta, Marga. Gracias por acercarte y garabatear por ella.

JosepMª dijo...

Hasta la más pequeña llama,
revive,
en mi memoria,
un incendio forestal
(sobrecojedor)
que hubo,hace años,
a unos kilómetros de mi casa.

La sola imagen de la llama
me inquieta.

El potencial de una cerilla
me preocupa.

Especialmente,
ahora,
al entrar en Verano.

Y tanto descerebrado
suelto
por nuestros montes...

Marga dijo...

Si te gustan las cuevas no deberías perderte el documental La cueva de los sueños Olvidados de Herzog. Hace alusión a la misma cueva que Berger...

Una maravilla de sueño, espacio y tiempo.

JosepMª dijo...

Si un día vais Ebro abajo,
y pasáis cerca de Benifallet,
acordaos de visitar
La Cova de les Meravelles.

http://www.flickr.com//photos/espeleofotos/sets/72157627171002221/show/

Inés González dijo...

Me gusta mucho este "pulso" con Madoz, y sabes qué, me decanto por tu opción, esa cerilla como un ojo de buey en la hoja ya perforada por la vida, me resulta más palpable, con más significados que la elegante e impecable imagen de Chema Madoz, que nos deleita desde la estética pura.
Lecturas y recuerdos arropan a la hoja, delicioso tu texto.
Eres hiedra y fuego Sofía, de eso qué duda cabe?
La interpretación del tema musical no me gusta tanto, ya sabes que este taquillero contra tenor no está entre mis preferidos.
Para gustos colores.
besos pebeta

Ventana indiscreta dijo...

Josep:

Ahora, por las zonas más frías de la serranía de cuenca, los chopos sueltan la pelusa que se acumula en las alamedas.Por aquí se la llama la pólvora del chopo. Siempre a los chicos, en su afán pirómano, les daba por meterle una cerilla para que la llama corriese. Luego habría que apagarlo a base de pisotones. Pero cuidado...
El fósforo es un vicioso de la llama, ¿para qué si no?

Miedo me da este año que tanta vértebra ha cogido el pasto.

Un abrazo, Josep.

Ventana indiscreta dijo...

Procuraré ver pronto ese documental de Herzog del que ya me he hecho con una copia y te comentaré, Marga.

Ventana indiscreta dijo...

Josep, maravilla sin duda esa cueva de Benifallet. Algún día, seguro.

Ventana indiscreta dijo...

Qué duda cabe que soy fuego, Inés.
Contigo comparto este poema de Chantall Maillard:

http://www.youtube.com/watch?v=aTdSx1uyKQE&feature=share&list=UUCCsGlx2EDk4dYQvbUF2DcA


No pondrás nombre al fuego

No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón constituye en sus tinieblas.
Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.


De "Conjuros" 2001

Besos.

Alfredo J. Ramos dijo...

¡Cuánto se aprende pasando por aquí! Y cómo se refresca la memoria (ahora que vuelva "la caló", inconfundible). Un gran placer