jueves, 25 de abril de 2013

Otis tarda


¿Peso ideal? Depende para qué. Para volar, que es lo que yo quisiera, tendría que ser, como máximo, 20 kilos y una fracción de 100 gramos. Entonces no me llamaría Sofía, me llamaría avutarda. Y si nos vamos al peso menor, el zunzuncito no marcaría peso en esta báscula maravillosa que se encuentra en el antiguo edificio de Tabacalera de Madrid (c/Embajadores). Ustedes debieran ver qué gestos hace ese mecanismo dorado cada vez que un peso posa. Es como una succión que se traduce en un movimiento de esgrima. Entonces, el espadín marca un número. Muchas veces no es el deseado. ¡Que me digan a mí cual es el peso ideal! ¡A volar!


Aquí les dejo, por cierto, el enlace de la exposición de José Manuel Ballester (premio Nacional de Fotografía 2010) que alberga el antiguo edificio de la Tabacalera:



José María Gallardo y Rafael Riqueni

Disco: SUITE SEVILLA


11 comentarios:

Ventana indiscreta dijo...

Sinceramente, ¿a que prefieren la época analógica que automática también es?

Miquel dijo...

Es curioso, medio mundo quiere adelgazar mientras el otro medio lo que quiere es comer...
salut

Juan Carlos Gargiulo Blanco dijo...

al decir de Galeano, ciudades insomnes unos no duermen por necesidad de atrapar las cosas que no tienen, otros no duermen por miedo a perder las cosas que tienen.

JosepMª dijo...

20 kilos
(y una fracción de 100 gramos)
Son los que me sobran.
Me lo repiten los médicos
que me tocan
y la enfermera diplomada
que tengo de hija.
Pero esos kilos forman parte de mí,
y para perderlos,
hay que pasar hambre.
Así que, los asumo
(por ahora)
Y no caigo en la tentación
de esos regímenes atroces
que te dejan esbelto y juncal.
Resistiré.
Pero no digo:
De esta agua no beberé...
(Me azuzan por varios frentes)


Los Dragones también volaban.


Inés González dijo...

Me alegra tu vuelta pebeta, hacía rato que andabas perdida.
Tu fieles seguidores no te olvidan, y me alegra.
No pienso decir nada de tus nobles palabras, pero sí te mando un hachazo estético: le pifiaste al enmarque de la balanza, raro en vos,que sos tan detallista.
Y raro que hasta el Garyu no dijera nada!
Me encanta verte de nuevo, no te pierdas más.
Si?

Alonso CM dijo...

Esta balanza es preciosa. Me recuerda una que tenía mi abuelo y en la que nos subíamos los nietos todos juntos para pasar de los cien kilos. En fin, yo también soy bastante analógico, lo reconozco.
Subrayo lo dicho por Inés Gónzález, por lo de perderte.

Un abrazo

Ventana indiscreta dijo...

Creo que la estadística, Miquel, no es del cincuenta por ciento. Bastantes, pero bastantes menos son los que quieren adelgazar frente a la inmensa mayoría que las pasa canutas para conseguir un bocado.

Salut.

Ventana indiscreta dijo...

Ciudades también, maravillosas, diseño Italo Calvino, que en poco se diferencian al mundo de hoy; bueno, en una cosa clave sí se diferencian: en la estupidez de los habitantes que habitan la tierra.
Mirá, Juanca, qué ciudad más sutil:


Si queréis creerme, bien. Ahora diré cómo es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intersticios, o se aferra las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube; se entrevé más abajo el fondo del despeñadero.


Ésta es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, piqueras de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas, tiestos con plantas de follaje colgante.

Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Sabe que la resistencia de la red tiene un límite.

Ventana indiscreta dijo...

No todos los dragones son tan buenos como los que pinta SHREK. Mirá la descripción de éste hecho en un bestiario de Cambrigde:

El dragón

El dragón es la mayor de todas las serpientes, y en realidad de todos los seres vivos que hay en la tierra. Los griegos lo llaman draconta, y esto ha pasado al latín bajo el nombre de draco.
Cuando el dragón sale de la cueva, a menudo se eleva a los cielos, y el aire a su alrededor se vuelve ardiente. Tiene cresta, boca pequeña y un estrecho gaznate a través del cual toma aliento o saca la lengua. Por otra parte, su fuerza no está en los dientes, sino en la cola, y hace daño con sus golpes más que con sus picaduras. Así, es inofensivo en lo que atañe al veneno. Pero dicen que no necesita veneno para matar, ya que, si se enrosca en torno a alguien, lo mata de esa forma. Ni siquiera el elefante se ve protegido contra él por el tamaño de su cuerpo, pues el dragón, que yace al acecho junto a los caminos por donde suelen transitar los elefantes, enlaza sus patas con un nudo, merced a su cola, y los mata por asfixia. Nace en Etiopía y en la India, en lugares donde el calor es perpetuo. El dragón no mata a hombre alguno, sino que lo devora lamiéndolo con su lengua.
El demonio, que es el más enorme de todos los reptiles, es como este dragón. A menudo sale de su guarida lanzándose al espacio, y el aire en torno a él se inflama, pues el demonio, al elevarse de las regiones inferiores, se convierte en un ángel de luz y engaña a los necios con falsas esperanzas de gloria y de goce terrenal. Se dice que tiene una cresta o corona, porque es el Rey de la Soberbia, y su fuerza no está en los dientes, sino en la cola, porque engaña a los que atrae hacia él con artimañas, destruyendo su fortaleza. Yace escondido junto a los senderos por los que pasean, porque su camino al Paraíso está obstaculizado por los nudos de sus pecados, y él los estrangula hasta matarlos. Pues si alguien queda preso en las redes del crimen, muere, y va sin duda al infierno.


Las negritas son mías. Josep, cuídate y no pases hambre.

Ventana indiscreta dijo...

Negra, meté el hacha en la leña si podés como lo haces en mis fotos. Allí te quería haberte visto. A oscuras estaba todo y no veía un pijo. Encima estaba pisando la báscula con mi peso pluma.

Un beso, hacha roma.

Ventana indiscreta dijo...

Antes los nietos eran más juncales, como muy bien dice mi apreciado Josep. Ahora con pocos nietos se pasaría de los 100 kilos.
Procuraré no perderme. Por Sevilla sí me perderé un día de este puente y sacar muchas fotos.

Un abrazo, hombre de la buena palabra.