viernes, 23 de diciembre de 2011

Arboledas






Si por algo me gusta la navidad es porque de los higos y las nueces haces una de las más maravillosas combinaciones nutritivas: el turrón de pobre. No se necesita más para estar bien alimentado. Si queréis me añadís, para no incomodaros algunos, la almendra marcona y los dátiles. Y a tirar millas. Lo de los asados y las merluzas rellenas me saturan y me producen sopor. De las pulardas rellenas prefiero no hablar. Y el vino, y el champán, ¡que no falten! Y a tirar millas.

Y si por algo detesto parte de la navidad es por la gran cantidad de luces con que rebozan los árboles. ¿No sabrán los alcaldes que los pájaros duermen? No sabrán que la verdadera fotosíntesis se hace con la luz del sol. Vayan mis árboles para vuestros nidos.

Yo ya no os voy a iluminar más por hoy. Solo os deseo a todos lo mejor que lo peor ya nos vendrá si no hubiere de venir. Lo dicho, lo mejor y más sabroso. Y ahora, en silencio, y con los cascos puestos, escuchad esta trompeta, dulce trompeta de navidad:

Tomasz Stanko Quartett - Sweet thing (Clickar aquí para que aparezca otra arboleda.)


12 comentarios:

El peletero dijo...

Los mejores adornos para los árboles son sus propias hojas y los pájaros, pero no está mal tampoco alguna que otra luminaria, tanta naturalidad natural en la naturaleza ya cansa un poco. La cultura del árbol, y todo el simbolismo asociado a él, está en los orígenes de Europa, en Catalunya lo celebramos cada Navidad haciendo “cagar” al tió.

Felices fiestas para ti y para toda tu familia, Sofía.

Inés González dijo...

Precioso regalo nos haces Sofía, esa arboleda y la trompeta de Tomasz Stanko no tienen desperdicios.
Lo mejor para vos también mi niña, que 2012 te desate aún más los bríos creativos para que no dejes de sorprendernos nunca, nunca.
Te abrazo muy fuerte

Inés González dijo...

Te regalo este magnífico LontanoI con bellas imágenes en b y n

http://youtu.be/tbYSuJ5cHNg

JosepMª dijo...

Gracias
por esta arboleda
que nos haces encontrar.
Alberti ya nos advirtió
del dolor
de perderla.
Pero no aprendemos...

Higos.
Nueces.
Almendras.
Pasas.
Y avellanas!
Delicias sin aditivos.
No hay turrón pringoso
que las iguale.

Pero,
¿qué le voy a hacer?
Soy un viejo carnívoro.
Voto a Góngora.
(aunque os parezca incorrecto)
_quiero más una morcilla
que en el asador reviente_

¿Luminarias de colores
por Navidad?
El último rico
las apagará.

O, tal vez,
los últimos pobres...


Mis mejores deseos
para todos los vecinos
acogidos
en este refugio.
y para tí,
Sofía,
amparo nuestro,
un abrazo de corazón.
Que te haces querer.

Miquel dijo...

Buenas fiestas ¡

XuanRata dijo...

Si no existiera la Navidad inventaríamos algo parecido, necesitamos marcar el tiempo para desmarcarnos de su paso y hacerlo nuestro. Por lo demás, los higos y las nueces me acompañan todo el año, ventajas de ser pobre, pero no demasiado.

Un abrazo, Sofía, y que tengas unas buenas fiestas.

Shandy dijo...

La verdad, Manchega, no cambio el mejor turrón del mundo por un caponcito de Villalba o una buena merluza (sin rellenar). Los frutos secos los prefiere solos o en un bizcocho casero. Y los árboles con pájaros, hojas, o desnudos de invierno.
Muchos árboles, muchas lunas y mucho de lo mejor, para ti y todos los tuyos.
¡E deixa que fale o viño!

Tomás Rivero dijo...

"Casamientos", le llaman en mi pueblo a juntar nuez e higo. Maravillosos los casamientos.

Me gustan tus palabras, estas entrañable, como debe de ser.

Por cierto ayer por la mañana, aún de noche, estuvo fotografiando arboledas. Ya veremos. La luna era abajo y una estrellita era alta.

Buena pieza de jazz.

Besos.

Tomás Rivero dijo...

Perdón: estuve.

Inés González dijo...

Lo mismo para ti Josep, es un gusto leerte en este refugio.
Un abrazo fuerte con el permiso de Sofía!

virgi dijo...

Felices días, Sofía.
Que las ramas florezcan y los pajarillos trinen.
Besitos.

Ventana indiscreta dijo...

Gracias a todos, os retomo en el siguiente juego.

Besos y abrazos.


Pero ella viene ahí, sigue avanzando noche y día,
conquistando mis huellas, mi goteado sueño, incorporándose desvanecida luz, finadas sombras de
gritos y palabras.
Cuando por fin, allá, concluido el instante de la última tierra, cumplida su conquista, seamos uno
en el hundirnos para siempre, preparado ese golfo de oscuridad abierta, irremediable, quién sabe si a
la derecha de otro nuevo camino, que como aquél también caminará hacia el mar, me tumbaré bajo
retamas blancas y amarillas a recordar, a ser ya todo yo la total arboleda perdida de mi sangre.
Y una larga memoria, de la que nunca nadie podrá tener noticia, errará escrita por los aires,
definitivamente extraviada, definitivamente perdida.


Rafael Alberti.