sábado, 19 de noviembre de 2011

Cuenco II


Lo que más me fascinó de esta suela fue su interior. Lejos de ser de vidrio o metacrilato hacía las veces de transparencia. Pienso si el el suelo que pisamos no se acaba transfiriendo a nuestros pies y por eso es que echamos tanto nuestra tierra natal. Ahora, por ejemplo, me veo yendo a la escuela de mi pueblo, llueve ligeramente sobre una niña modosita, las chimeneas huelen a leña de olivo y encina. Caminante no hay camino, se hace camino desgastando suelas y perdóneme, don Antonio.


School, de Supertramp (Amo a este grupo de mi adolescencia)



10 comentarios:

Miquel dijo...

curiosa suela ¡

Elena Román dijo...

Cuenco para huellas transparentes

Tomás Rivero dijo...

Son las que yo usé en la playa.

Shandy dijo...

A forza da terra entra polos pés.

Aclaración cronológica: cuando tú eras esa ratita modosita, la Cenicienta ya era una mozuela que estaba de vuelta del cuento. Pregúntale a los hermanos Grimm o a Perrault.

Besitos sin cuento

Ventana indiscreta dijo...

Miquel, suelo ser curiosa.

Abrazos.

Ventana indiscreta dijo...

Elena, traslúcidas mejor.

Ventana indiscreta dijo...

Tomás: pues sí eran malas. En la playa voy descalza.

Ventana indiscreta dijo...

Shandy:

¿hace cuánto tiempo que no pierdes el zapato?

Tomás Rivero dijo...

Yo también suelo ir descalzo. Depende del rengo.

Besos, entrañable.

Shandy dijo...

Manchega,la verdad es que nunca he perdido ningún zapato! Si acaso las borregas de andar por casa...