viernes, 5 de noviembre de 2010

Adherir / Ad-herir


Sentir la placidez de ese verbo que nos entra gratamente: herir.
Asociado como está a la herida no lo quiero yo ahora.
Veo ese líquen adherido a la piedra y me conmueve.
Me conmueve la elección: esa piedra, ese norte que nutre; y la herida que en gozo me provoca: gozo, gozo, gozo. No quiero ir nunca a la zaga del gozo. Quiero ir de su mano, a su par. El gozo del lugar elegido, el gozo de entenderse, el gozo de extenderse.
Adherirse es un verbo a tener en cuenta.


También se me adhiere (¡Y de qué forma!) el Ave María de Schubert

11 comentarios:

mateosantamarta dijo...

Aunque no puedo oír el Ave María que has puesto, lo he escuchado muchas veces y desde luego me adhiero a él sin pensarlo, como el liquen a la piedra.
No sé si es posible una adhesión sin causar una cierta herida, antes o después.
Un abrazo.

Inés González dijo...

Sofía hay alguien más adherida a la adhesión del líquen a la piedra, una pequeñísima araña dorada en el lado izquierdo superior. Ya sabes disfruto mucho ampliando tus fotografías, siempre, siempre guardan sorpresas.
La reflexión de Mateo sobre la adhesión es correcta, aunque se aparte de tu concepto asociado al gozo, me parece que vas por otros derroteros, muy validos también. Yo en vez de adhesión hablaría de acoplamiento, de abrazo, una forma de "gambetear" las heridas anteriores o posteriores, el gozo en estos casos no falla.

Miquel dijo...

buen comentario ¡¡¡¡

Higorca Gomez Carrasco dijo...

Schubert y su Ave María, es algo sublime, no hace falta oírlo ahora, cuando escucho esas notas es como un escalofrío que recorre mi cuerpo, si al mismo tiempo se puede leer este bello poema, es algo grande.
Abrazos

virgi dijo...

Y si lo canta Cheryl Studer, pues más adhesión.
Besos, Sofía

amparito dijo...

La piedra me da la sensación de ser piel
De ser el pie de alguien que se ha integrado totalmente con la naturaleza (como tú) de la que nos olvidamos, tan amenudo, de que formamos parte indisoluble.
Seguro que el Papa no estará deacuedo. Es lo peor que ha hecho la religión en el mundo: decirle al hombre que era dueño y señor de la tierra...

El fin de semana pasado, tras caminar por el monte, al regresar, ya en la ciudad comenzamos a cantar.
Yo les dije a las niñas: recordarme la próxima vez que salgamos que quiero cantar algo, pero cuando estemos en la montaña.
Ese algo era el Ave María (no es que sepa cantar pero me gusta hacerlo)

Goza todo lo que puedas

Shandy dijo...

Ventana, qué bien le a-sienta el abrigo de liquen a esa piedra.Por la plenitud y frescura que rebosan, hay una placentera e íntima asociación entre ambos.
Aunque las adhesiones
incondicionales son peligrosas, es un gozo visual adherirse a este sensitivo y metafórico abrazo otoñal: Ave María

ybris dijo...

Quizás poco tenga que ver haerere con ferire, pero es igual.
Hay adhesiones que perduran como la cicatriz a la herida.
Como el liquen y la música.

Besos.

amparito dijo...

Ya conseguí cantarlo
Junto a la hermita de Santa Cruz

XuanRata dijo...

Todo depende de la fuerza del abrazo. Este deja un hueco para respirar, que es lo aconsejable.

Me llama la atención la calidad marmórea de la piedra, y cómo la luz se agarra también como una tercera piel que tantas veces ignoramos.

jg riobò dijo...

Otoñal.