viernes, 15 de enero de 2010

Receta

Ingredientes:

Agua
Viento
Propulsión
Pescado (en su raspa)
Letra:

LA NIÑA DE FUEGO
Zambra

La luna te besa
tus lágrimas puras,
como una promesa
de buena ventura.
La Niña de Fuego
te llama la gente
y te están dejando
que mueras de sed.
Ay, Niña de Fuego,
ay, Niña de Fuego.
Dentro de mi alma
yo tengo una fuente
pa que tu culpita
se incline a beber.
Ay, Niña de Fuego,
ay, Niña de Fuego.

Mujer que llora y padece,
te ofrezco la salvación.
Te ofrezco la salvación.
El cariño es ciego.
Soy un hombre bueno
que te compadece.
Anda, y vente conmigo,
ay, Niña de Fuego.



Ya esta muerta Sthephana. Ya hemos escuchado el aria de Siberia. Ya hemos comprobado que nuestro amor se queda en mantillas comparado con el de latitudes superiores. Pues hala, la muerta al hoyo y el vivo al bollo. ¡Aaaaalto!, que ésto es alta cocina y no sólo de bollos vive el hombre. Hoy os propongo una nutritiva receta: Raspa Caramelizada. Dejemos que la carne del pescado se la coman los más voraces. Quedémonos nosotros con el fósforo que aporta la raspa, chupémosla a través del hielo. Stephana soy yo ahora, nada de Siberia (S-Iberia, Manolo-tel), la Niña de Fuego. Escuchemos:





Preparemos el chorro. Ascendámoslo. Punto principal de la receta. El día debe ser gélido. Frío del carajo, si no no vale. Frío y viento.
El chorro asciende, el fuego conjuga. La noche hará el resto. Es una receta de la abuela pero con modificaciones sustanciales. El largo tiempo es lo que se mantiene. Nada de prisa, toda la noche. El hielo hará el resto. Escojamos el pescado aparente, de buena raspa. Escuchemos mientras cocinamos:



Raspa caramelizada

Este es el resultado. La raspa caramelizada. Puede que al saborearla nos sepa a agua y que nos deje un poco fríos. Eso es la primera sensación. El sabor, si está bien conjugado, avanza. Poco a poco nos entrará el mar, no acordaremos de Moby Dick y, al final, preferiremos unos boquerones bien rebozados a la raspa caramelizada. Pero, no desconfiéis, el postre, aunque de apariencia terrosa, hará las delicias de nuestras mejores Contesas:

una suculenta Stracciatella.



A falta de Manolo Caracol, dejemos que Miguel Poveda interprete el final de esta comida. Quintero, León y Quiroga siempre serán grandes:

6 comentarios:

JosepMª dijo...

Tiempo frío.
Esas raspas,
zarpas,
de hielo,
tienen su particular encanto.

Buena receta,
a fe.

Me apunto a los boquerones rebozados.

Y un beso,
de lejos,
a Moby Dick.

XuanRata dijo...

¿Cómo será la caricia de esas falanges heladas? ¿pondrá la piel de gallina o quemará como el hielo?
Su sola visión produce un escalofrío que no tiene nada que ver con el termómetro. Apenas me atrevo a besar su mano. Ni pensar en chupar sus dedos.

Amando Carabias María dijo...

Pues la verdad es que me parece un relato de cinco tenedores. Cocina creativa y de fusión, esencias nutritivas y una buena historia, o de cómo el viento gélido creó de unas gotas vitaminas... de emoción.

virgi dijo...

Bellas, pero demasiado frías.
Aunque la música les preste calor, me las reservo para el verano. La stracciatella me encanta!

Muak!

Merce dijo...

Buen menú, fresco y ligero, lo ideal para esta época. Espero a la Straciattela :)

Biquiños

Shandy dijo...

Las primeras imágenes préstaselas a Tim Burtom para sus dibujos.
divagacionx.blogspot.com/2009/11/tim-burtom-y...

A mí, que soy muy larpeira, sírvame sorbete de hielo caramelizado que le chupo hasta las espinas de los -y mis- dedos. Y un buen pedazo de la stratiacela (o como se diga). Pero, por favor, con un poco de agua de fuego (una buena aguardiente de guindas, por ejemplo) para que la niña no se hiele.
Ay, Niña de fuego, ay niña de fuego... ( que me voy cantando pa entrar en calor).