domingo, 18 de octubre de 2009

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Ya en una entrada pasada (axilas) hablábamos de la muerte de un zorro al ser atropellado. No sé si esta culebra sería consciente de mi buena intención que no fue otra que la de evitarla un atropello. De haberse producido, algún córvido, milano o cernícalo seguro que hubiera dado buena cuenta de ello. No penséis en el repelús, que tampoco era una cobra. Os puedo asegurar que estuve a unos veinte centímetros con mi cámara y ni se inmutó. La culebra tenía una prioridad muy clara: recibir los últimos rayos de sol y apropiarse del calor que el asfalto había acumulado durante el día. Observé su sombra, sus ojos acechantes, su quietud. Al final, un leve toque en la cola con mi zapatilla la alertó, la aceleró, se encabritó, bufó. En un preciso agujero de la cuneta entró. Cada una seguimos nuestro camino.

12 comentarios:

Capitán dijo...

El otro día saqué una de mi salón, contres niños detrás deseando tocarla.

JosepMª dijo...

Vivo en las afueras del pueblo.
Antes de adoptar gatos, cada verano entraban (por la planta baja) en casa, varias culebras.
Me fabriqué (guardo) un artilugio/saco especial, como un cazamariposas (dios me libre) de tela recia.
Atrapaba a la culebra, ayudado de un cepillo largo y la iba a soltar a unos kilómetros, lejos de la carretera.
Mi familia decia que estaba sonado;
que las serpientes, hay que matarlas.
Llevamos el peso de la mala educación...

Me gusta mucho: Culebra+3
Cuando está a punto se salir del asfalto.
Espero que pueda despertar, la próxima primavera...

manolotel dijo...

Las culebras forman parte de mi paisaje infantil que transcurrió precisamente en el campo. Entre mis vagos recuerdos hay una bicha enorme de larga, enrollada sobre si misma en el tejado de la casa.

No me parece que hubiera especial prevención hacia estos animales. Aquello era sierra y se temía más a los lobos.

Impresiona, de entre estas fotos, el primer plano de la cabeza, con ese ojo sin parpado que nos mira y nos sigue desde cualquier angulo de la habitación que nos pongamos.

Es curioso, pero yo que he viajado ( sigo viajando) bastante, me he tropezado en la carretera con conejos, topillos, erizos, incluso con una vaca... pero nunca con una serpiente. En la ciudad sí, pero de las que tienen dos patas y bisbisean a tus espaldas. :-)

Un beso.

Ñoco Le Bolo dijo...


… con la mirada al acecho…

Pues has hecho bien. La única precaución, saber que no es una víbora, en ese caso, espantarla con un palo, no es necesario agredirla.

... un beso desde
CristalRasgado & LaMiradaAusente
_______________________________

Ventana indiscreta dijo...

Capitán:

A ver, mi Capitán, no sería que lo que sacaste fue una corbata, ese duro dogal que tanto te incomoda. Desde luego, ¡qué atrevidos esos niños!

Ventana indiscreta dijo...

Josep Mª:

Llevamos, en general, muy mala sangre. Y eso nos hace edulcorarnos con un lindo gatito y despreciar una cucaracha o un sapo, animales más necesarios que los adoptados maulladores. Pero tú lo has dicho, llevamos el peso de la mala educación. En los pueblos tiene aún mucho peso el nombre de alimañas para referirse, sobre todo, a los milanos, a los halcotanes. ¡Y ya ves, los pobres, lo que hacen!

Eso mismo espero yo.

ybris dijo...

Lo del repelús es frecuente en muchos.
A mí siempre me pareció un animal fascinante.
Me gusta observar su desplazamiento aparentemente imposible para no tener patas.

Besos.

Ventana indiscreta dijo...

Las palabras de muchos bisbiseos no matan peso sí hieren y envenenan. Como la culebra de Samaniego:

A una Culebra que, de frío yerta,
en el suelo yacía medio muerta
un labrador cogió; mas fue tan bueno,
que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
a su gran bienhechor traidora mata.

Bienhechora fui, pero te puedo asegurar que en mi seno no albergaría ninguna, aunque alguien, en privado ya me ha tachado de viperina.

Besos, Manolotel, esperando tu avance y tus muestras como gesto añadido.

Ventana indiscreta dijo...

Algial:

Gracias por tu recomendación. Ya sé tu campo interior es hermoso. Pero respecto a las víboras es preciso verlas antes. En Ucero, Soria, las hay en abundancia y en los caminos calizos se salen al atardecer a lo mismo que la culebra que espante.

Un beso.

Ventana indiscreta dijo...

Ybris:

Te cuento: ahíta de tenerla y que no se moviese y preocupada de que viniese un coche (también he de decirte que la carretera manchega en la que estaba es secundaria, de monte y con poquísimo tráfico) sabía que reaccionaría así, con su peristáltico empuje. Preparé la cámara a velocidad alta y, aún así, me dio un repelús tremendo no atreviéndome a fotografiarla ya de cerca.
Repelús, vaya palabra, Ybris, palabra de efecto inmediato, la lees y ya lo sientes.

Besos y me alegro que disfrutases en el valle del silencio. Ya espero yo dentro de unos días un recorrido por Montes de Valdueza y por Peñalba. Espero contároslo con algo que me surja.

Merce dijo...

A ver, yo no lo definiria como repelús, pero si como un cierto respeto, ellas y yo mantenemos las distancias, entonces nos llevamos bien :)

El desconocimiento de la especie con la que te cruzas te puede llevar a un cierto pánico, algunos lo reprimen y otros no. En alguna ocasión me tengo quedado clavada al suelo sin saber que hacer. (Menos mal que no han sido muchas, tambien hay que decirlo).

Hiciste bien, si yo, reconociese la especie tambien lo haría. Si es inofensiva, pues lo mismo que tu, y si no lo es, pues sabría como hacerlo tambien.

No reconociendola como es mi caso (a pesar de pasar la infancia en el campo, los veranos y casi todos los fines de semana) siendo sincera, o pasaria lo mas lejos posible o me buscaria un palo de doce metros y medio de largo (bueno he exagerado un pelin jejeje) y trataria de llevarla lo mas suavemente posible a un lugar seguro. No podria hacer nada mas.

Biquiños :)

Miradme al menos dijo...

Por experiencia, cuando te ve,corren más que tú.
En el jardín de mi casa, de vez en cuando, aparece alguna o su piel. Recuerdo que una vez una se ocultó en una barra de hierro queetaba al sol de julio y al momento murió abrasada.
Un abrazo.