miércoles, 23 de septiembre de 2009

Alfar







Inés sabe apreciar muy bien los relieves. Opción pensada fue la de dejar las dos primeras fotos como incógnitas para que cada un@ hubiese decidido, con mayor o menor acierto, proponer de qué se trataba. Pero ya lo veis. Aquí no hay magia. Un charco eventual es lo que tiene, magia de los microorganismos que de él se alimentan y que dan lugar a esos grumos de barro húmedo. Parece que un@ pronuncia 'charco' y la obsesión por lo marginal y degradado aflora. Y no, disiento. Arte es lo que tiene un charco. La deconstrucción de un charco descubre el alfar diminuto. No conviene tirarse al charco como tampoco obviarlos. Que cada un@ valore esa conveniencia.


10 comentarios:

Macachines dijo...

La realidad nos presenta multiples dimensiones según el punto de vista del observador.

Ventana indiscreta dijo...

Juan Carlos Gargiulo:

Has disparado con la prontitud de los aventajados en aportar tu visión. La realidad es que es un charco, lo mires por donde lo mires. A Inés le mandé estas fotos sin deconstruir y no supo donde hallarse. Me habló hasta de cuero repujado. Fíjate. Pero sí, la multiplicidad debe ser propia de un buen observador que se precie y más si tiene alma de artista.

Saludos Macachines y enhorabuena por todos tus blanco/negro que nos estas mostrando.

Merce dijo...

Me gustan las dos primeras fotos, creo que no hubiera acertado nunca lo que es :)

Biquiños

Ventana indiscreta dijo...

Merce:

Razón por la que no hubieras acertado: la misma que la de un escandinavo. Allá en Galicia llueve bastante más y la temperatura no es tan alta tras una tormenta. Ya sé, ya sé que Orense se las trae y a veces da las máximas. En cambio, en Castilla, en sus pueblos con caminos y veredas mal arreglados, la propensión a los charcos cuando llueve es alta. Después viene ese alfarero oculto.

ybris dijo...

Alfar diminuto que se muestra en los charcos desecados.
Veo en él la vida espontánea que quiere perpetuarse.
Ya había pensado algo parecido con los nidos de la avispa alfarera que se agolpan sobre mi ventana.

Besos.

Ventana indiscreta dijo...

Ybris:

La vida en la naturaleza es todo menos espontánea. La sensación de espontaneidad es lo que nos viene tras observar componentes que parecen ser aleatorios. Pero algo hay siempre en los animales, cualesquiera que sean, estudio y premeditación, cuando no oportunidad.
Me has dado una idea para la próxima entrada, como una reválida.

Besos.

JosepMª dijo...

Antes era polvo.

Cuatro gotas.
Un charco.
Esporas, que vete a saber de dónde vinieron...
Y, zas!
Vida.

Me encanta toda la serie.
De la 1 y la 2:
Las burbujas.
Las colonias verdes.
Conocía esta textura,
de mis charcos infantiles.

De la 3:
Lo mismo, con la pequeña polilla blanca, muerta.
Vida y muerte son fases del mismo juego.

De la 4:
La delgada línea que separa la tierra seca de la húmeda.
Las amapolas.
La luz rasante.

Estas fotografías son Arte.
Y dan para reflexionar.

Ventana indiscreta dijo...

Josep Mª:

De lo que no me cabe ninguna duda es de que amplías las fotografías y que después las miras con lupa. Lo de la polilla era para nota. Te juro que cayó instantes de hacer la foto. No se si has reparado en el pequeño espigajo que hay en la misma foto de la polilla. De esos que se trababan en lo calcetines cuando salías al campo.
Observador, qué envidia me das con los melocotones de Calanda.

Besos.

eva-la-zarzamora dijo...

Me apetecía pasarme por aquí ahora que dispongo de tiempo y decirte que tu comentario fue algo así como saborear una MMMM de mermelada de moras.
Gracias.

P.S. Volveré a ver esa subjetividad tuya, desde ese objetivo tan tuyo, con tiempo...

Besos.

Ventana indiscreta dijo...

Eva:

Lo que tu llamas subjetividad no es otra cosa sino una objetividad desapercibida. Otra cosa es la invención, que en eso sí hay mucha de la primera.

Me alegro que el agua de sexo de Neruda te gustase. La mermelada de moras lleva una contrapartida: su recolección. Pero he de reconocer que en su punto están deliciosas.

Un beso.